Bueno, antes de cualquier cosa debo de hacer una aclaración a todos mis queridos lectores. Este blog lo he construido de forma que, para mí, sirve de desahogo de todos mis traumas, tropezones, aprendizajes y alegrías que me ha dado la vida en los últimos tres años. Por ello, debo indicar que este es un tema que me servirá en cierta medida, pues para terminar de sacar todo el estrés que traigo aún, que por cierto, ayer casi provocan que mi desmayo en la oficina del jefe con los ojos llenos de lágrimas.
En cuanto a todos esos "intensos" de las letras que siempre andan en busca de mis errores ortográficos y gramaticales, deberán de entender que aún sigo muy cansada, y es comprensible que no sepa cómo se dejan llevar mis dedos por mis ideas, y sobretodo, traigo la vista cansada de todo lo que me ha tocado ver en estos últimos meses.
Dicho lo anterior, con gusto detallo.
Soy parte de los despidos de la empresa (si es que así se le puede denominar) Radio 13. Y lo digo como si fuera parte de un grupo de superación, en algún centro de rehabilitación (y debo decir que esto es debido a la tensión).
Mi jefe, el señor Julián Andrade, jamas me engaño, siempre me dijo cómo estaban las cosas en la empresa, pero debo decir que toda la gente que me vio llegar, me recibió tan gratamente, que no pude rechazar el trabajar con estas personas que me han dado lecciones importantes en mi historial periodístico y laboral. Sin embargo, y como buena amante de las causas pérdidas pero justas, debo aclarar que apoye a todos mis compañeros en su causa, y de ahí se desprende lo siguiente.
Fuera de una mala administración, o de que la radio AM ya no tiene tanta demanda, debido a la férrea competencia de la Frecuencia Modulada, o porque tienen otros destinos los fondos de la empresa (y quién sabe cuales sean éstos, porque incluso querían cortar el suministro eléctrico desde la semana pasada en la estación), pero creo que los recursos humanos deben de ser la prioridad para cualquier industria, empresa, comercio, etc etc. Sin embargo, vemos con claridad que esto no se aplica con mucha frecuencia.
En Radio 13, conocí personas sumamente profesionales y de alta calidad humana. No cabe duda que saben su negocio, y que por supuesto, a diario, se encargaban de perfeccionarlo, o por lo menos, de sacar más de lo necesario, con un plus que podría enriquecer a la radio mexicana con altos grados de calidad. Pero, a muchos de estos amantes del periodismo se les debían más de 3 meses de sueldo, además de su aguinaldo, e incluso, vacaciones. No, por supuesto que no es justo.
Hace un mes y medio aproximadamente, la información de los reporteros se frenó. Era el primer "hasta aquí" de todo. Primero los brazos caídos de los reporteros, y conociendo sus motivos, seguimos los demás.
Después, la mayoría de los reporteros, gente de la redacción (y me incluyo si me lo permiten), las personitas trabajadoras de la página de internet, y hasta productores nos reunimos para tomar una decisión al respecto. ¿Cómo o qué hacer para dar a entender que esa situación no podía seguir? Esto porque a pesar de sonar absurda la interrogativa, pues parecía más bien como una explicación a un niño que se aferra a decir que no.
Ante dicha decisión, cabe recordar que bueno, estamos en un medio de comunicación que aunque no le paguen, sigue con su escencia. La verdad es que aún desconosco cómo, por qué, dónde, cuándo de la fuga de información. Facebook y Twitter fue la plataforma para hacerle entender a Don Quiñones que esto ya era del dominio público. Obvio, como buen "dueño y jefe", pues se molestó.
Posteriormente, vinieron las pláticas con los representantes legales de la empresa. Quiñones tuvo sus motivos para no asistir, aunque sus socios nos "aseguraron" que estaba al pendiente de la situación y que estaba preocupado por todo. (Evidentemente, después de salir al escrutinio público, ¿a quién no le preocuparía su imagen?... ah! perdón, hablabamos de nuestros pagos, ¿verdad?)
Tal cual regateo en un tianguis domiguero, inició todo. Que si se nos paga todo en una exhibición, que sí en cómodas mensualidades, que la empresa no tenía dinero, que si ninguno de nosotros tenía contrato -en papel-, que sí estábamos "contratados" bajo diversas empresas. Nunca supimos en realidad quién era el responsable de nuestros salarios, y debo de explicar por qué. De acuerdo con la representación jurídica de Radio 13, se tienen empresas diversas bajo las cuales se contrataron a toda la planilla; por ejemplo, yo podría estar contratada bajo Radio SA, pero otro reportero podría estar como Prestadora de Servicios de Radiosa, y así con todos... esos pequeños detalles complicaban todo.
El punto es que de cualquier modo, el pago iba retrasándose cada vez más.
Perdón, pero debo destacar que todos somos personas que mínimo, la carrera, la tenemos. Y por ello, decidimos acudir con un abogado (bueno, fueron dos, pero al final terminamos sólo con uno). Se nos plantearon diversos escenarios, como el de crear un síndicato, demandarlos, ir a la Junta de Conciliación y Arbitraje, o directamente con la Secretaría del Trabajo... Lo único que se concluyó es armar un convenio, en el cual se establecía el pago de lo adeudado, la seguridad de seguir trabajando en la estación, y por supuesto, que se regularizarán nuestros pagos, de forma que estuvieran al corriente con ellos.
Después del regateo, se quedó de la siguiente manera: el adeudo se tendría que pagar en 6 quincenas, aunado al pago de la quincena respectiva, y asegurando nuestra plaza. Esa fue la cabida para el Comunicado o Boletín 2, que algunos habrán visto. Para acordar lo anterior, el licenciado Roberto Sánchez Corral redactó un convenio, el cual venía con muchas lagunas, las cuales en el futuro podrían afectarnos y dar espacio a malas interpretaciones, o dicho más coloquialmente, para joder a los trabajadores.
En está parte, debo hacer un paréntesis. El equipo jurídico nos dejo en claro algo: teníamos que aceptar el acuerdo si queríamos, y para quienes no, pues las puertas estaban "bien abiertas", pero no habría dinero para liquidar, ya que preferían pagar a aquellos que se quedaban laborando.
Regresando, nuestro abogado nos explicó las deficiencias del documento, y nos redactó uno nuevo donde se destacaba la parte de que Don Quiñones se hacía responsable PERSONALMENTE de los pagos, como desde un inicio él mismo aseguró. Además, de que se pedían prestaciones como el IMSS, INFONAVIT y SAR. Evidentemente, ante la muestra del documento final, nos dieron que Don Quiñones no nos podía firmar nada a titulo personal, porque él sólo era otro trabajador de la empresa, y que firmáramos o no SU convenio, pues se nos pagaría como ya se había establecido antes. Pero que con mucho gusto, revisaban nuestras propuestas de forma individual.
Sin embargo, llegaron esa semana las malas y cruentas noticias.
La reunión para que todos los trabajadores entregáramos el documento era el miércoles 9 de marzo a las 5:30 de la tarde. Alma Italia Mendoza, representante de todos los trabajadores e impuesta por Don Quiñones, fue despedida pasadas las 13 horas. Llegaron a la redacción la licenciada Verónica Cruz con un compañero de Recursos Humanos, esperaron a que llegara Alma, y en cuanto arribó, pues... vino lo feo. Después de hacerle saber de su "término de relación laboral", la sacaron de las instalaciones tal cual PF agarra a un criminal. No quiero caer en exageraciones, pero todo el tiempo le estuvieron siguiendo, vigilaban cómo pasaba los archivos a un compañero, le prohibierón el uso de Word para pasar información a otra computadora, la apresuraron, y por si fuera poco, la acompañaron como escolta hasta la puerta. ¿Creen que hubo algo de discreción ante hecho tan penoso?, pues de una vez, descártenlo.
A partir de ese momento, iniciaron los despidos.
"Como es de su conocimiento, la empresa a la que represento en estos momentos está atravesando por una situación financiera muy complicada que no nos permite seguir manteniendo ni cumpliendo con las obligaciones que adquirimos por virtud de los contratos de prestación servicios profesionales que celebramos con diversas personas." Esa fue la explicación.
A muchos no les quisieron pagar totalmente lo adeudado, a otros se les pagó sólo lo justo, pero nadie recibió el finiquito que por ley corresponde. Carolina Rivera, reportera, casi no le permiten reingresar a la estación a despedirse de sus compañeros; a Irving Rojano, reportero, redactor y conductor, además de no pagarle todo lo acordado, se le prohibió la salida de las instalaciones hasta que no pasara a jurídico y firmara su "renuncia"; en tanto que a Ulises Basáñez se le chascarón los dedos para apresurar su salida de las instalaciones.
Por eso, es esta carta, larga, pero creo que vale la pena.
No hay cabida par dar explicación a estos hechos, que bien dejan mucho que desear de la parte administrativa de Radio 13. No se vale un trato así para las personas que han dado mucho de sí, para que siga la máquina dando. Hay personas que están ahí por más de 8 años, y que diario dan lo mejor de su trabajo. No es forma de agradecer. Menos en el periodismo, donde sabemos que de por sí la situación está difícil, el medio es pequeño.
La verdad es que no me interesa si Don Quiñones tiene decenas de autos de colección, desde un BMW hasta un Mazeratti, la verdad es que no. Pero lo único que me gustaría preguntar es ¿dónde quedó la importancia que le da sus trabajadores?, y si no la hay, por lo menos el respeto que nos merecemos cada uno de nosotros. Así no se puede trabajar, no con hambre, no con deudas, no con presiones de un posible despido, no con el estrés de saber que por pedir tu salario devengado te van a despedir, porque ahora sí, se dieron cuenta que la empresa no tiene dinero para pagarle a todos sus trabajadores.
Es hipócrita mencionar que se hace lo mejor por nosotros, porque sí así fuera, desde el inicio no abres una estación, la cual sabes, no podrás sufragar. Se habla derecho. Por eso mi frase de la semana -con todo respeto- fue "ya ni la chingan". Fueron tres días de saber que todo se desmoronaba, ante nuestros ojos. Era la crónica de una muerte anunciada, que sólo dependendía de horas, minutos o sólo momentos. Vi a muchos llorar por la injusticia cometida, y la impotencia de saber que todo esto sucedía, sin que nosotros pudiéramos ayudar en algo.
Ayer, viernes 11 de marzo, el terremoto histórico de 8.9 grados Richter en Japón, no era totalmente cubierto porque no teníamos reporteros, redactores, encargados en página... No se hacía lo nuestro, periodismo, no laborábamos como siempre, pero deberíamos de rendir el doble a falta de personal. Mi gastritis regresó, junto con un bajón de presión que casi me provoca vómito y un desmayo. Las lágrimas se salían de mis ojos de forma inconsciente. Ese era nuestro nivel de estrés. Así se vivió el terremoto de Japón en las instalaciones de Radio 13.
Mi jefe, Julián Andrade, me anunció de su "renuncia", así como la de Jaime Morales, coordinador de Internet; y poco antes me enteraba del despido de Sergio Bañuelos, director del área de Deportes, tras más de 8 años de trabajo radifónico para la empresa. Por mi parte, pensaba renunciar después del programa de Néstor Ojeda, pero antes de que pudiera acabar el teasser del programa, recibí esa llamada la cual la mayoría de mis compañeros recibieron antes.
Es enorme la impotencia que se siente ante este hecho injusto, porque sólo se estaba pidiendo lo que por derecho conviene, es decir, nuestro salario quincenal. Porque creo que de la misma forma estábamos laborando, diario y cabalmente. No debería de existir una respuesta tal. Fueron muchas las decepciones, en primera la de saber que uno de nuestros compañeros nos traicionó, ya que sabía con anterioridad quiénes nos íbamos porque él ayudo en la elaboración de la lista negra, y ni siquiera fue para avisarnos. Otra que algunos conductores nos dieron la espalda, y que pensaron que esta decisión no les afectaría. Esperen a que llegue el lunes, y verán cómo es que les afecta.
Ya los documentos por firmar, ya no importan más de cinco centavos. Ya no tienen validez porque el acto cobarde ya está hecho. Les falto humildad para aceptar que las cosas se les salieron de las manos, les falto carácter para defender a su mano de obra, les falto conocimiento para darse cuenta de lo valioso que es tener a todo el personal y a un medio masivo de comunicación, y sobretodo, les falto tacto humano para tratarnos a todos.
Es injusto que en nuestro país, donde la gente es cálida, bonachona y bien hecha, se den estos casos, donde se maltrata al trabajador, al pensar que seguro llegarán más personas que hagan el mismo trabajo por menos salario. Espero que los valientes que acudan a Radio 13 para pedir trabajo, la piensen, y la piensen bien, porque lo lindo que yo tuve en dos meses de labor, no creo que regrese, no con ese tipo de jefes, que les importa más la imagen social, que el darles de comer a sus trabajadores y a sus familias.
Bien vale la pena ponerse a pensar, si es que vale todo esto, y saber -más bien- si son conscientes de todo lo que han afectado con sus malas decisiones. Porque además de dejar sin sueldo a todos sus trabajadores, ahora no tienen ni empleo. Con esa falta de palabra, queda mucho qué desear de estos directivos.
Pero también me llevo a muchas personas que valen la pena y que les tengo un gran aprecio por todo el apoyo y las enseñanzas que me dieron, ahí va la lista de la gente bonita de Radio 13: Nayelli González, Irving Rojano, Rosalinda Olvera, Ulises Básañez, Paulina Távares, Alma Italia Mendoza, Leyda Martínez, Daniel Cuapio, Sergio Bañuelos, Marí, Erick y Paty-todos de internet-, Deyanira Morán, Paco Cigarroa, Jorge Santacruz; a mis operadores Jan, Ángel, Hugo; Pepé Nuñez, Mónica Licea, Marú de Aragón.
Por supuesto, van mis estimadísimos reporteros: Bogdan Castillo, Carolina Rivera, Marco Antonio Sánchez, César Rodríguez, Rossi Ahuactzin, Vicente Hernández y Agustín Vargas.
A Jaime Morales por su sinceridad y apoyo desde que llegue hasta el final, pocas personas tan francas y derechas se pueden encontrar.
Y por supuesto, a mi súper jefe Julián Andrade, quién admirare porque además de darme entrada, demostró que bajo estas circunstancias, puede ver a la cara a sus trabajadores, como él mismo asegura.