miércoles, 26 de diciembre de 2012

Otros 365 días.. (maso)


¡Oh querido 2012! Tantas cosas que me dejaste, quitaste, cambiaste, mejoraste y dejaste de la fregada. Un año más de experiencias que compartir y que aprender con sus pros y contras, como todo con su gama de tonalidades.

Hablo de un año que me dejo miles de lecciones (como la de no exagerar jejeje). Me enseñó a que las cosas siempre pueden estar mal –incluso peor-, pero que no se quedarán así para siempre. Me mostró a que la fortaleza no implica dejar de llorar, sino aprenderlo a hacer bajo las circunstancias correctas. También me hizo responsable de lo que pienso de mí misma, y dejar que los demás corran con sus propias apreciaciones de mi persona.

Aprendí que debo dejar mi pasión, irreverencia y sentido de común en los lugares necesarios; a que la “seriedad tiene un precio”, y a que ése no necesariamente se paga pero si se goza. A que a veces es mejor abandonar a lo que se ama, a aferrarse a algo sólo para terminar por dañarlo; y a que las personas que te quieren, siempre estarán contigo a pesar de la distancia.

A que la madurez no implica ser amargado, pero si responsable de los propios pensamientos; y a que puedes soñar aún con la cabeza agachada. A que todo esto es tan efímero que vale la pena aprovecharlo, a caer y levantarse, y ver lo recorrido para saber cuál es el destino.

A que los amigos permanecen, la familia parte y las mascotas ceden. Aprendí la lección de que toda vida es un lujo que sólo pocos aprenden a valorar. A que todos necesitamos aferrarnos de algo, incluso de las cosas malas para poder salir; y a que la esperanza no es ilusa, sólo es esperanza.

Me di cuenta que el cielo de diciembre, puede ser el de cualquier mes, y a que todos los días pueden pasar por malas rachas para dejarte algo bueno. Noté esa sonrisa entre la sombra, y ese chiste siniestro entre tus mejillas.

Me reté a enamorarme de un falso espejo, y a abandonar las ilusiones vagas e insulsas. Me gustó el políticamente correcto de la vida de los inocentes. A que algo debo de aprender a pesar de que las cosas estén muy de la fregada; y que sí, si se puede aprender del mal ejemplo. Reconocí que más vale darle la vuelta a un idiota, a confrontarlo y perder valiosos segundos en terquedades. Pero sobretodo, a que a pesar de lo mal que estén, a veces es mejor no corregir un error; a que se tiene que dar razón a la estupidez, y que no siempre tienes que arriesgarte para demostrar lo que tienes.

A que no para saber, siempre se tiene que estar presente. Y que los detalles más valiosos, casi siempre escapan de los ojos. Aprendí a no dejar seducirme por la cáscara, pero tampoco a dejarme llevar por mi traducción. A que las afirmaciones mienten; las sonrisas ocultan sentimientos, y el amor es tan versátil como la persona que lo profesa.

Me enfrente a las mismas piedras pero en otros lugares. Abandoné mis miedos para dejar otros instalados, le di forma de perversión al último cuarto de la casa, cuya propietaria es la loca que me habita.  A que todos los excesos se pueden vivir, pero siempre hay un precio.

Tantas cosas que empecé y terminé. Tantos senderos que arme y que ahora caminaré. Pero, sobre todas las cosas, crecí, me endurecí, aumente mi seguridad, y mande al coño a todo eso me permeaba y me hacía sentir mal (literal, me gana la gravedad).

Ahora sueño con más colores, con más personas, con más romance pero sin tanto relleno. Enfrentémoslo, la magia no sólo está en la ilusión y el amor no sólo corre por las venas. Así pues, demos inicio al 2013, y dejemos lo aprendido en la hoja que de tanto escribir, corre el riesgo de romperse el papel. Ahora, simplemente andemos sobre nuestros pies, cuyos dedos disfrutan la textura de la arena.  

viernes, 14 de diciembre de 2012

Encuentros extraños del primer tipo...

Raras cosas pasan en las noches de la ciudad. Y ante la sorpresa mejor seguir.
Eran más de las diez de la noche, tras un día largo y de discusiones; lo que perturbaba mi cabeza y pensamientos.

Mi música, cigarro y yo andando por Acoxpa. "Eyes wide open" de Goyte en mi oído izquierdo me despertaba y distraía del frío característico de diciembre. Tan abstraída que iba yo.

Unos pasos apresuraron los míos, sin darme cuenta.

Apareció aquel joven no muy alto y con sonrisa ingenua. Me llamó desde atrás y me dijo guapa.

Luego me acompañó sobre la banqueta. Mis nervios jugaban a creerte y a salir corriendo para evitarte.

Me contó que se llamaba Sergio, tenía 23 y trabajaba. Lo demás lo ignoro tremendamente. Me preguntaste dos cosas más y al grano, "¿saldrías conmigo?" Sí, la verdad es que te dije que no (y que evidentemente no lo haría con alguien que no conociera o que lo hiciera con un sujeto que me abordó en la calle).

Tampoco hubo intercambio de teléfonos (menos cuando he sido víctima de varias bromistas por ese medio). Todo te lo negué.

Aún así insiste en lo guapa.

A los pocos minutos te dejé en la calle, lo siento no era la ocasión mucho menos la pertinencia.

Me asustaste debo confesar, esos encuentros no pasan por la simplicidad de la casualidad. Aunque admiro el valor que mostraste sin dejar de sonreír, corriste el riesgo aunque no tuviste suerte.

Para mejorar el final, Bunbury me canta al oído "Sácame de aquí", lo que provocó el inicio de mi risa nerviosa de toda la noche.

Te dije que era frecuente visitadora de la zona, que igual cabía la fortuna de un eventual encuentro. Y aunque no estoy a la espera de ello, si pasa puedo decirte que podríamos ser amigos, sólo por la casualidad de vida que se nos ofreció.