En realidad, no es que tenga el corazón roto… En realidad es sólo que el frío adelantado del otoño corrupto por el adelantado invierno me ha pegado en la cara, regresándome a la realidad, a mi realidad.
Más bien, podría decir que sí tengo el corazón roto, pero no es por una cuestión de enamorados, más bien es por mi falta de fe en la humanidad, sí, la perdí totalmente.
Vamos, no necesariamente necesitas que un hombre te rompa tus esperanzas. Más bien ando en esa cuesta, donde nadie espera nada de nadie, incluso de ti misma.
Además de que bueno, me estoy aún reparando, reconociendo las partes más sensibles de mi persona. Esas piezas que almacené en algún lugar, vuelven a recuperar su espacio. Me siento aún más niña, y más fuerte cada vez.
Pero esa fortaleza tiene sus francos débiles. Y es que aún hay muchos parches que remover, y cambiar por lindos trazos que llenarán el espacio.
Puedo decir que me faltan muchas cosas, pero ahora sólo reduciré mi existencia a mí, y a los que quieran estar. La verdad es que esté no es un buen momento para iniciar algo más serio, sólo tengo tiempo para mis cosas y necesidades.
Tengo que reformarme, reencontrarme… repararme.
No es cuestión sencilla, ni tampoco soy tan frágil como algunos aseguran que soy. Más bien, ahora no soy yo en mi totalidad. Sólo hay una parte de mí aquí.
Me gusta esa parte, es como cuando las hojas, en otoño, caen al suelo, despojando a los árboles de su belleza y fortaleza. Pasarán el invierno viéndose solos, abandonados, tristes… Pero seguro, la próxima temporada primaveral, volverán a recubrirse, está vez mejor, y más completo que la anterior.
Eso es… Sólo estoy renovándome, una vez más…
Más bien, podría decir que sí tengo el corazón roto, pero no es por una cuestión de enamorados, más bien es por mi falta de fe en la humanidad, sí, la perdí totalmente.
Vamos, no necesariamente necesitas que un hombre te rompa tus esperanzas. Más bien ando en esa cuesta, donde nadie espera nada de nadie, incluso de ti misma.
Además de que bueno, me estoy aún reparando, reconociendo las partes más sensibles de mi persona. Esas piezas que almacené en algún lugar, vuelven a recuperar su espacio. Me siento aún más niña, y más fuerte cada vez.
Pero esa fortaleza tiene sus francos débiles. Y es que aún hay muchos parches que remover, y cambiar por lindos trazos que llenarán el espacio.
Puedo decir que me faltan muchas cosas, pero ahora sólo reduciré mi existencia a mí, y a los que quieran estar. La verdad es que esté no es un buen momento para iniciar algo más serio, sólo tengo tiempo para mis cosas y necesidades.
Tengo que reformarme, reencontrarme… repararme.
No es cuestión sencilla, ni tampoco soy tan frágil como algunos aseguran que soy. Más bien, ahora no soy yo en mi totalidad. Sólo hay una parte de mí aquí.
Me gusta esa parte, es como cuando las hojas, en otoño, caen al suelo, despojando a los árboles de su belleza y fortaleza. Pasarán el invierno viéndose solos, abandonados, tristes… Pero seguro, la próxima temporada primaveral, volverán a recubrirse, está vez mejor, y más completo que la anterior.
Eso es… Sólo estoy renovándome, una vez más…