miércoles, 12 de noviembre de 2014

Miedo a lo mismo...

Es más complicado de lo que parece. Todo. 

No lo digo como cualquier descubrimiento, sino que es un eco de mis grietas. Aún no puedo dividir entre mi esperanza, idealismo y lo que siento. Todo eso hace las cosas más difíciles. 

Simplemente me di cuenta que no puedo compartir todo lo que quería. No por mí misma, sino porque el otro no lo quiere recibir. Eso duele y desiluciona. 

Primero cosas de familia y luego pequeños sueños que tenía. 

Y no es que quiera dos sombras, más bien siempre estuve acostumbrada a que no hubiera nadie, a estar sola. Ahora que hay alguien con quien acompañar mis pasos, pensé que sería diferente. Pensé. Un gran pecado inocente. 

Así, frente a todo lo que esperaba, ansiaba y creía, ahora tengo que meter freno de mano. Tal vez lo mejor sea no tomar todo tan serio. A lo mejor no es tan serio todo. 

Igual, siempre es mejor no esperarlo todo, sino esperar la nada. Así se siembra de a poco, para -claro- cosechar poco. Tan sólo menos monstruoso de lo que era mi esperanza y fe. 

Con ese dolor de pecho, vamos para dos años. Veo cómo se van separando nuestros pasos, unos van más lentos, y otros más rápido. Sólo que no quiero dejarlo atrás, pero no estoy segura que me quiera acompañar. 

Supongo que mis lágrimas son de miedo. De ese miedo a repetir la historia, y despertar un día, dándome cuenta que mi mundo fue asaltado, violado y despojado de su fe. A que sea lo mismo de siempre. 

Miedo a darme cuenta que he dado círculos -de nuevo-, y que el único cambio es el paisaje. 

No se, tal vez lo mejor es que siga mis propios pasos sin miedo de dejar algo muy valioso atrás... Por su miedo y falta de interés en caminar de mi mano. 

Mejor me seco mis lágrimas y veo al cielo, donde me esperan millones de estrellas y un gato sonriente que me da la oportunidad de volver a iniciar. 

domingo, 8 de junio de 2014

Carta a un desconocido

Yo sé que no te conozco, sin embargo me haces falta, mucha de hecho. 

No conozco tus manías, loción favorita o hobbies. Tampoco me queda claro cómo te gustaba el café, si te gustaba o si preferías algún té. 

Nunca supe cómo eras bailando, si tenías esa ilusión de entregarme en el altar, si me querías o cómo es que era tu amor hacia mi. 

No recuerdo tus manos, tus abrazos o lo cálido de tu voz. Desconozco tu cabello, tu sonrisa, tu forma de apapachar, incluso de regañar. Lo único tuyo que tengo (hasta ahora) es un álbum tuyo. 

Me queda esa soledad de saber que en algún tiempo estuve en tus brazos, fui motivo de tus alegrías y que incluso me enseñaste a gatear. 

Veo de lejos tu vida, esa que sólo tú conocías. 

Lo único que reconozco de ti en mi, son los ojos. Ahora sé que es lo poco que -tengo seguro- es mío. 

No hubo tiempo para reírte, crecer, abrazarte, reñirte o confesarme. No me diste tiempo para ser tu hija, y eso se lo dejaste a mis tíos y abuelo. 

Hoy, sólo tengo unas fotos pérdidas (y pérfidas), que regresaron a mi 27 años después. 

¿Y el resto?, ¡¿qué demonios le hiciste a nuestro futuro juntos?! Porque aquí no estás, y no estarás. 

Nunca sabré si me quisiste, o cómo lo hiciste. Sólo puedo sospechar (y lo necesito hacer) que sí lo hiciste, aunque nada convencionalmente. Te fuiste, y así me dejaste sin ese 'nosotros'. 

Y justo ahora, previo al día del padre no sé si deba regalarte algo (una corbata simbólica o unos zapatos invisibles), porque lo que me resta desconocer es que si algún día quisiste que te llamara 'papá'. 

miércoles, 21 de mayo de 2014

Vaya que si estamos locos

Lo curioso es que todo inició con una de esas películas súper cursis que acaban con un "nunca debes perder la fe en el amor" mientras se escuchaba "Friday i'm in love" de The Cure. Después, me sentí terriblemente embarrada de miel.

Porque bueno, el amor es más que eso, más que dulce, más que rosas, más que simples 'te amo' al azar. 

Para empezar se trata de dos: dos corazones, dos personas, dos cabezas y dos perspectivas del mundo. ¿Por qué demonios se piensa que el amor es tan sencillo que debe tener siempre un final feliz?  

Esto lo dice la mujer enamorada, profundamente enamorada, pero que siempre supo desde el inicio, que se trataba de un amor bien consciente. Es decir, me arruiné un poco la diversión al saber que nada seria fácil, pero preferí eso a recoger los tirones de mis expectativas. 

Luego, tengo a mi amiga que después de largos años, se le acabó el cuento. Y vaya que si los hombres deben ser cab(rones), porque se debió hablar claro desde el principio para que después no se anduviera con el "mejor ya no". Lo peor -y no lo escribó porque sea mi amiga (bueno, un poco)- es que será tarde cuando se de cuenta del error cometido. 

Porque de verdad, no hay cosa más decepcionante -para uno mismo- que saber que la solución estuvo en tus manos, pero por no querer abrir los ojos no te diste cuenta del momento en el que se rompió todo como para arreglarlo (o dejarlo menos pior). Y eso fue lo que pasó. 

Lo malo será la cruda porque además de la relación con mi amiga, en todo esto el que salió perdiendo más fue él. Lo triste, es que no se ha dado cuenta. 

En otro caso, fue un sujeto que nunca quiso aclarar -convenientemente- los lineamientos de su relación. De forma que cuando ella ya estaba haciendo su mundo rosa, él simplemente decidió tronar y salir con la mejor amiga de ella. 

"¿Es una perra, no?" ¡¿Qué demonios contestas a eso?! Vaya que hay personas malas, estúpidas (y perras) en este mundo. Si al menos no hubiera servido de mucho, sí se hubiera agradecido que se hablará con sinceridad. Digo, ¿para qué ser crueles, vaya?

Pero bueno, los hombres también lloran (ja). Ahí tenemos al amigo 'buena onda' que tiene una bola de traumas y complejos que ni volviendo a nacer se le quitan, y por si fuera poco no quiere hacer nada por él (es más, no sabe cuál es su problema). 

O el otro, que es un buenazo en lo que hace, inteligente, con personalidad, que desea estar con una chica linda, peeero que tiene miedo a que pase lo mismo que en su relación pasada, tiene miedo a lastimar y tiene miedo de sus miedos. 

Por si fuera poco, sabe en dónde radica el problema pero tampoco le da la gana resolverlo. 

Al final estoy yo, una bolita de ansiedad ante mi futuro amoroso pero con miedo de que todo sea tan malo como en el pasado. Quiero ese amor apasionado que te deja sin aliento, que sea el único, pero que esté asegurado bajo un argumento bien razonado. 

O sea, en serio, ¡¿cómo demonios pretenden vendernos la versión de "happy forever and ever" con lo enfermitos que estamos todos?!

Sí, es un poco irónico (me causa gracia de hecho) pero es cierto. Mientras que para mi el final feliz es vivir en un pent house con espacio para mi perro y mi hombre, para otra sería casarse, y para una tercera sería tener sexo todas las mañanas de su vida (bueno, en realidad así seríamos felices todos, je). 

 No somos entes fáciles, somos complejos. Mucho. Pero así nos gusta vivir. 

Mi amiga ahora disfruta de la soltería que no tuvo en años, la otra chica tuvo la oportunidad de mandarashingarasumaye a su mejor amiga y ex (ponga usted en este espacio el título de relación que prefiera). 

Mi primer amigo sigue en la fiesta conociendo mujeres de las que se enamora cada cinco minutos; mientras que el segundo acompaña sus aspiraciones con una botella roja de huiscol de "Jaimito caminador". 

Yo, me dedico a amar. No sin miedos, no sin lágrimas, no sin dudas, pero confiando en que si me vuelven a romper, ya sé de memoria mi rompecabezas.