Gracias, de verdad muchas gracias por este año que acaba.
Más por la parte de que acaba.
Gracias a todos aquellos que hicieron este 2017 inolvidable.
Y no me malinterpreten, pero es que incluso de los años nefastos, como éste, se
tienen que sacar cosas buenas (para documentar el optimismo, vaya).
Gracias a aquellas personas que se quedaron. Que me
demostraron que vale la pena seguir y que no me dejaron cometer una idiotez de
la que me podría arrepentir después. Por limpiar mis lágrimas, hacerme reír y
abrazarme cuando –incluso- decía que no lo necesitaba.
Por decir las palabras adecuadas o necesarias (aunque no muy
placenteras). Simplemente por no dejar que mi mundo desapareciera.
Gracias a las que se fueron, porque me demostraron la
fortaleza que tenía sobre mi soledad. Por mostrarme que podía subsistir incluso
sin ustedes, ya que ese panorama no existía para mí (hasta que, por supuesto,
ocurrió). Por pedir exilio voluntario, abrir la puerta y retirarse; yo nunca se
los hubiera pedido –lo puedo jurar- pero ustedes tomaron esa decisión la cual
respeto totalmente.
Eso me recordó que aún podía quedarme en ceros, pasar noches
llorando, sentir frío y no tener a nadie en quién resguardarme. Ya había
olvidado el sentimiento de vulnerabilidad que implicaba, y de la humildad que
se necesita para reconocer que no se está bien pero que tampoco se está por
morir. Y que algo se debe aprender de todo ello.
También muchas gracias a las personas que me desilusionaron.
Una vez más fueron mi talón de Aquiles, desde aquellas que no supieron cómo
consolarme pero sí cómo alejarme, hasta las que se dijeron mis amigos para solo
darme un golpe por la espalda. A todas ellas, gracias. Porque me hicieron
fuerte, me quitaron lo iluso e idealista; me demostraron que no por ser buena
persona, te regresarán lo mismo.
Pero sobre todo, porque me subrayaron que por cada mala
persona, existe una buena con la que realmente pueda contar para mis desgracias
y mis fortunas.
Gracias por romperme el corazón. Me recordaron que todavía
tenía uno, que es frágil –como un niño pequeño- y que tiende a endurecerse si
no se cuida lo suficiente. En esta ocasión sentí que mi depresión me mataba,
que no tenía ningún caso seguir con mis proyectos, que valía la pena apagar mi
luz.
Muchos errores en mi forma de pensar. Pero por eso se llama
depresión, ¿no? Te deja ver solo en la obscuridad, y lo demás es parte de tu
confusión. Pero mientras, mi corazón seguía latiendo y tratando de ser más
fuerte que mi cabeza. Y lo lograron, finalmente.
Sin duda fue un año en que se me juntó -y torció- todo. Muchas cosas
que me había negado ver, y que solo les había dado la espalda como si realmente
fueran inofensivas. Ese fue un gran error: creer de más.
Aprendí. Y no, no regresaré el pago con la misma moneda. No
(me) vale la pena, en ningún sentido. Solo es aprender a medir cariños, a identificar
a “mis dedos de las manos”.
Porque también tengo que agradecer a todas esas personas
nuevas o que no había visto, y que me tuvieron fe. Que me hicieron feliz un
rato y me defendieron. Que meten las manos por mí (y que, ahora, pueden dar por
seguro que yo lo haré por ellos). Gracias por aguantarme, por ser quién son y
no irse como otros lo hicieron.
Si bien ahora no soy la persona alegre y brincando que fui
hace años, al menos siento paz, una que me costó mucho conseguir. Ahora solo
falta darle vuelo a todo, asimilar, e ir por lo que me falta.
No soy una víctima ni una mártir de las circunstancias. Solo
soy una mujer más en este mundo que tuvo un año terrible, pero que ya puede
darse el lujo de reírse de él.
Gracias vida, Dios y 2017 por ser duros, no demasiado para
matarme pero sí para dejarme aprender. Por dejarme vivir.
Es irónico (y, a veces, cómico involuntariamente) cómo
vivimos. Nos complicamos tanto la cabeza con ideas, conceptos, sentimientos,
todos ellos fútiles.
Es diciembre ya, y parece que el huracán (el mío, en todo
caso) se ha ido calmando y ahora solo es una tormenta o depresión tropical que
va de salida. No con eso digo que todo está resuelto, porque falta mucho para
que eso se consiga totalmente.
Pero ya me siento menos atada a la depresión que casi me
mata en estos últimos meses. No dejaré de llorar -¡ja! Como si fuera así de
fácil-, pero sí estoy segura que ya no romperé a la menor provocación.
Es muy provocativo y aliciente este sentimiento de poder
salir del túnel. Es casi sensual. Así como llega, así lo quiero y necesito
abrazar porque es mi barca de madera que me sostiene en este vendaval.
Ha sido uno de los años más difíciles que me ha tocado vivir
en estos 31 de existencia. Perdí mucho, personas y cosas tremendamente valiosas
de mi vida, y sin las cuales, no creí poder vivir. Pero heme aquí, en plan de
reparación pero aquí sigo.
Y lo digo con humildad (aunque no lo pareciera), porque sé
que aprendí, a golpes pero lo hice. Me falta mucho por seguir, pero agradezco a
Dios y a la vida que hoy siga de pie, sangrando pero de pie.
Son muchas las heridas ahora, y las cicatrices ni se diga. Pero
las valoro y beso cada vez que puedo. Me han enseñado tanto. Y falta mucho por
aprender.
Para serle sincera, mi querido lector, me siento
terriblemente débil, cansada, un poco impotente, y poco confiada en mis capacidades
(mucho en la de ser una mujer atractiva, por nombrar una). Lo cual desde el
principio ya es deprimente. Sin embargo, sé que es solo un paso más que
necesito pasar para darme cuenta que no todo fue tan malo.
Aprenderse a perdonar como mantra de todos los días, para
que podamos ser mejores y disfrutar nuestras vidas. Todos los días.
Y en medio de todos estos sentimientos extraños y
abundantes, hay uno que me complace disfrutar: Paz. Total y egoísta paz
interna. No sé cómo demonios lo logré, pero lo hice. De alguna u otra forma,
pero estoy en ese camino misterioso de Dios.
Creo que dejé caer una carga que me hacía muy pesada, pero
ya que lo conseguí me siento estúpidamente bien. Tranquila. Creo que di en el
blanco, en lo que realmente necesitaba y me aferraba a no ver detenidamente.
Me encanta.
Pero casi muero en el intento. Y me siento como si hubiera
corrido un maratón, así de cansada.
Falta mucho camino por andar. No puedo darme el lujo de
detenerme. Pero si de abrazar cada minuto que tengo por vida, y más de los que
ya disfruté.
Bienvenida sea la agonía. Bienvenida sea la recuperación de
sí mismo. Bienvenido sea todo lo que venga. Y lo digo con los hombros agachados
y una sonrisa en el rostro, porque esto no se acaba hasta que se baje el telón.
Vamos a hacer una cosa... No hay mejor cosa que dejarse ir
con música, ¿no lo creen?
Vaya que han pasado algunos años sin que lo haga, pero está
noche/día/tarde vale la pena... Solo por deporte o solo porque todos merecemos volvernos
locos un rato.
Acá las recomendaciones que me han llegado, las que he
deducido o que simplemente –por la vía cósmica- he sacado para ustedes. Lo
siento si en su mayoría vienen en inglés, solo es que así han llegado.
So...
Pulp -
Something Changed
When we
woke up that morning we had no way of knowing
That in a
matter of hours we'd change the way we were going
Where would
I be now, where would I be now if we'd never met?
Would I be
singing this song to someone else instead?
I don't
know but like you just said
Something
changed
Keane - Perfect Symmetry
Read page
after page of analysis
Looking for
the final score
We're no
closer than we were before
Who are
you, what are you fighting for
Holy truth?
Brother I choose this mortal life
Lived in
perfect symmetry
Portugal.
The Man - "Feel It Still"
We could
fight a war for peace
(Ooh woo,
I'm a rebel just for kicks, now)
Give in to
that easy living
Goodbye to
my hopes and dreams
Stop
flipping for my enemies
We could
wave until the walls come down
(Ooh woo,
I'm a rebel just for kicks, now)
It's time
to give a little tip
Kids in the
middle, move over 'til it falls
Don't
bother me
The
Revivalists - Wish I Knew You
I wish I
knew you when I was young
We could've
got so high
Now we're
here it's been so long
Two
strangers in the bright lights
Oh I hope
you don't mind
We can
share my mood yeah
Two
strangers in the bright lights
The Weeknd
- I Feel It Coming ft. Daft Punk
You are not
the single type
So baby,
this the perfect time
I'm just
trying to get you high
And faded
off this touch
You don't
need a lonely night
So baby, I
can make it right
You just
got to let me try
To give you
what you want
Michael
Kiwanuka - One More Night
But I
believe it
One more
night till the morning
But I
believe it
One more
night till the morning
Bon Iver -
I Can't Make You Love Me / Nick of Time
Cause I
can't make you love me
If you
don't,
You can't
make your heart feel
Something
it won't,
Here in the
dark,
These final
hours
I will lay
down my heart
And I feel
the power
But you
don't,
No you
don't
Leon
Bridges – River
I wanna
come near and give ya
Every part
of me
But there's
blood on my hands
And my lips
aren’t clean
Leonard
Cohen - I'm Your Man
I've been
running through these promises to you
That I made
and I could not keep
Ah, but a
man never got a woman back
Not by
begging on his knees
Or I'd
crawl to you baby and I'd fall at your feet
And I'd
howl at your beauty like a dog in heat
And I'd
claw at your heart, and I'd tear at your sheet
I'd say
please (please)
I'm your
man
Editors -
What Is This Thing Called Love
We built
this city, now we tear it to the ground
This fight
is over, hear the bell ringing out
At the end
of the final round
And you
knock me down
Cut me with
a stare
You patch
me up
Now it's my
turn
Phoenix -
If I Ever Feel Better
They say
love ain't nothing but a sore
I don't
even know what love is
Too many
tears have had to fall
Don't you
know I'm so tired of it all
I have
known terror dizzy spells
Finding out
the secrets words won't tell
Whatever it
is it can't be named
There's a
part of my world that's fading away
John Legend
- Love Me Now
Something
inside us
Knows
there's nothing guaranteed, yeah
Girl, I
don't need you
To tell me
that you'll never leave, no
When we've
done all that we could
To turn
darkness into light, turn evil to good
Even when
we try so hard
For that
perfect kind of love, it could all fall apart
Generalmente, no hablo o escribo sobre feminismo o machismo
ya que, como se sobreentenderá, siempre da controversia para todos lados.
Sin embargo, tras los recientes hechos violentos y contra mi
género, me siento un poco ahogada y frustrada... Lo siento, pero aquí va mi
fuga:
1) Debemos entender que entre los géneros no hay mejores ni
peores. No, lo siento señoritas, las mujeres no somos mejores que los hombres;
y lo siento macho alfa lomo plateado,
las féminas no somos de tu propiedad.
1) Bajo este primer concepto vale la pena aclarar un punto:
somos diferentes. Nuestro fenotipo así lo manda, pero así como vivimos
realidades paralelas, debemos entender que hay puntos de interconexión que nos
acercan y ayudan a ser más empáticos. Por ejemplo, el hombre tiene el mismo derecho
de llorar como lo hacemos nosotras; y la verdad es que agradecemos en el fondo
que los hombres no sufran de cólicos cada 28 días.
1) No es que no sepamos que usar una minifalda es un riesgo
constante, más si solemos andar por la calle y solas... El problema es que NO
LO TENDRÍA QUE SER. Entiéndase que la moda no es una llave de abuso, no estamos
vendiendo carne, no estamos buscando un albur o piropo grosero y, mucho menos, una
falta de respeto. Tenemos calor, nos gustan y así vivimos. Es como plantear que
los hombres no podrían vestir shorts porque podrían ser toqueteados en la vía
pública (así de estúpido su pretexto).
1) También, como mujer de 30 años de experiencia, no es que
quiera desconocer el inevitable pero odiado sentimiento de vulnerabilidad ante
la delincuencia (que termina en violación, trata de blancas, asaltos,
tocamientos indebidos, etc.) Soy idealista, pero no estúpida. Sin embargo, creo
que tengo el mismo derecho de vivir, caminar y estar, que cualquier otro
hombre. Y por eso estoy protestando.
1) Con lo anterior debo decir que: hombres y mujeres por
igual, deberíamos tener garantizado el ejercicio de nuestros derechos en un
marco de respeto y seguridad mutua.
1) Y esto, lo deberíamos aplicar tanto hombres como mujeres.
No es mandar a los hombres al final del contingente de una marcha feminista, es
invitarlos a participar en la demanda. Señoritas, señoras, no perdamos el
rumbo... No es sacarlos porque “son el problema”, sino de incluirlos para que
lo entiendan.
1) La educación se mama, es de familia. Si no les enseñamos
a los más pequeños a respetar a TODOS, no podremos exigir una sociedad libre de
prejuicios y violencia. Hay que enseñarles a valorar la vida, la
individualidad, las diferencias y la equidad. Y eso también es para con la
naturaleza, los animales, las personas, los adultos mayores, los niños, el
vecino.... TODOS SIN EXCEPCIÓN MERECEMOS RESPETO.
1) No entiendo por qué la necesidad –y necedad- de algunos
al tratar de excusarse y menguar los delitos. “Ella se lo buscó”, “pues qué
esperaba si estaba entre puros hombres”, “eso no les pasa a las señoritas
decentes”, “pues solo una puta anda tan noche en la calle”, “¿qué no tenía
quién la cuidara?”. Todas estas ideas son las que, como sociedad, justifican a
cada uno de los abusos cometidos. El primer abuso sexual que sufrí fue cuando
tenía 10-11 años, de un sujeto muy mayor, en el transporte público, a las 2 de
la tarde. ¿Acaso también me lo busqué?
1) Sí, lo lamento... Hay mujeres que se creen superiores a
los hombres. Y lo lamento porque, lejos de mostrar sus capacidades, lo único
que crean es un ambiente de competencia no sano en el que el punto -pareciera
ser- es demostrar la “inutilidad” de los hombres. No. lo siento, no puedo vivir
con ello. Los hombres son igual de necesarios, sabios, útiles, hermosos, proveedores,
e humanos como nosotras: las mujeres. Aprendamos a vivir con ello.
1) Si aún hay hombres que piensan que somos el género débil,
y que debemos vivir bajo la sombra de un “caballero”, debo puntualizar en que
no. Ya no vivimos en tiempos patriarcales donde un hogar solo se conformaba de
un esposo, esposa, hijos y perro. Hay diversas formas de crear una familia, fomentar
valores y una sociedad más humanitaria.
1) Y pues sí, nos gusta que nos traten como damas, pero entendido
eso, necesitamos caballeros. Así como ellos pagan las entradas del cine, así
como nosotras podemos pagar la cuenta de la dulcería. Así como nosotras podemos
salir a trabajar, así como ellos pueden preparar la cena. Así como ellos van
por los niños, nosotras podemos cambiar un foco. El trato y educación que se
nos da, no está peleado con el papel que desempeñemos en la sociedad.
1) Finalmente, no es un problema de la chica que se
emborracha en una fiesta, o de aquella que tomó un taxi a las 3am, o de quien
iba caminando en un paraje solitario, o de quién se enamora de un tipo en
internet. El problema es de todos, y de todos vendrá la solución. Mujeres y
hombres no podemos ser violentados; pero hoy, desgraciadamente hay madres y
padres buscando a su hija, hay otros que lloran porque se la mataron; y hay
adolescentes que no pueden denunciar que fueron violadas porque en el MP no les
creen.
Dejemos de usar pretextos para no cuidarnos los unos de los
otros, de querer justificar abusos y corrupción, de demostrar que somos la
basura que merecemos tener. Somos más que eso.
Hay muchos tipos de monstruos en nuestras vidas. Y son como
plantas, entre más les des de comer más grandes se hacen, hasta inundar nuestro
sistema.
Inician como un pequeño brote en la cabeza. Paso a paso se
adueña de todas las conexiones nerviosas, cada neurona, todo el líquido y la
masa gris ceden a su paso. Parece que se congela todo el trabajo racional para
atender al nuevo huésped.
E inicia el servicio y bufet de hotel cinco estrellas. Le ofrecemos
al aún pequeño monstruo lo mejor de la carta: la autoestima, el valor de
nuestras ideas, la coherencia de nuestros actos y palabras, la posibilidad de
volver a amar. Poco a poco va consumiendo todo lo que nos identifica.
Como si fuera tiempo de sequía, todo se muere en la cabeza;
pero el monstruo no cede. Tiene más hambre y, mientras, estira sus brazos y
piernas. Se acerca a la garganta donde posee nuestras cuerdas vocales, y las
palabras (o gritos) con ellas.
Cuando está en los pulmones, llega la ansiedad y nos hace
víctima de insuficiencias. No podemos respirar, se nos dificulta mantener el
ritmo del pensamiento por la falta de oxígeno. Cada vez es más pesado el aire,
más caliente, como plástico hirviendo. Lava. Lava que se adueña de todo
minúsculo espacio.
En el estómago se hace un nudo que no deja ingerir alimentos
(y ni agua pasa). Es como una mariposa circulando pero esta vez se quedará
atrapada hasta morir. En las piernas todo es irremediable, los pasos se nos
acortan y no podemos seguir adelante o dar un paso atrás. Las manos para
entonces han quedado inútiles, se nos olvida para qué nos fueron dadas, son
torpes.
El daño es irreversible. No vemos más que una inmensa bruma.
No podemos gritar, avanzar, retroceder, soñar, hacer, hablar. Vivir. Y eso es
solo con un monstruo. Hay quien sobrevive con más de diez.
Cada uno los deja vivir y crecer como quiere y como sus
posibilidades le den. Hay los que son más amables; unos, sin embargo, que
quieren todo de forma recelosa, y otros que son hiedra venenosa destinada a
terminarse nuestras vísceras.
Así podemos vivir toda una vida. Hasta que el corazón deja
de latir, o vive en estado comatoso. Es así cuando lo que debería de doler ya
ni siquiera existe, no sientes motivaciones, no hay latidos, mucho menos
esperanza.
Relaciones fallidas, frustraciones laborales, creatividad
menospreciada, sueños truncos, el NO tatuado en la piel. Tienen miles de
nombres y responden a diferentes miedos.
Los míos son dueños de una pequeña casa –aún en mi cabeza-
donde conviven entre ellos. Su territorio está bien establecido, no los dejo
pasar a la garganta; pero cuando pasa, me arregló con una tos o gripe que los
ahuyenta hacia la azotea.
La verdad es que hemos llegado a un mutuo acuerdo en el que
establecí dejarlos vivir mientras sepamos aprovechar sanamente la situación:
están ahí pero no me joden. Esto tras concluir que los miedos no son más que
ganas de sobrevivir, nos alejan de situaciones peligrosas y –muchas veces-
estúpidas; además, establecen límites que debemos respetar para no ocasionar
más daños.
Me gusta un poco también tenerlos. Son mis compañeros de
soledad, y saben más de lo que yo puedo imaginar. Incluso me defienden de mí
misma y de mi estúpido romanticismo por las causas perdidas. Son la consciencia
que me falta. Nos hemos convertido en buenos roomies, solo hasta antes de la limpieza de la casa porque no son
los habitantes más limpios ni cuidadosos que he conocido.
Generalmente, todo el año cohabitamos bien. Menos en diciembre;
entre el frío, mi nostalgia, mi soledad, ninguno llegamos a un acuerdo. Cada
uno optamos por nuestro propio mundo y su forma exclusiva de festejar. No es
que no podamos estar juntos, solo que en nuestras diferencias, no podemos concebir
un tiempo de paz y frío a la vez.
Lo único que me da miedo –más que mis habitantes de la casa
del norte- es pensar que tal vez esté más cerca de convertirme en uno de ellos
que ellos de dejar el hogar que les he destinado. Tal vez nuestros miedos no
sean tan diferentes a nosotros. Quizá solo los hemos endemoniado para
mantenerlos lejos y no darnos cuenta que en realidad nosotros somos los
monstruos que no sabemos estar bien con los demás o –incluso- consigo mismos.
Hay muchas bestias caminando todos los días en el mundo. Todas
ellas disfrazadas de abogados, maestras, administradores, contadoras, mercadólogos,
políticos, periodistas, activistas, barrenderos, cantantes, artistas,
limpiabotas. No importa la profesión, ahí están para hacer daño si es que así lo
desean y si les es permitido.
Otras bestias ya me han herido (más estos meses), y sé que
yo he lastimado a otras. Pero, ¿estamos preparados sistemáticamente para ello?,
¿son sólo arranques momentáneos o mostramos nuestra naturaleza casi siempre reprimida?
¿A quién le debo temer, a mis monstruos internos o a las
bestias exteriores?
Mientras sigo haciéndome esa pregunta, les daré de comer a
los habitantes de la casa del norte. Creo que últimamente han estado un poco
alterados. Debido a los últimos acontecimientos, temen que otro monstruo se
empiece a incubar y les quite más espacio.
Lo único que puedo hacer es abrazarlos y decirles que todo
estará bien. Y realmente lo deseo. Y ellos también.
Se supone que la vida es un tanto cruel y despiadada, ¿no?
Digo, no creo que haya muchos argumentos en contra.
En mis pocos/muchos años de vida, es lo único que siempre ha
sido constante. Y en estos últimos meses (incluso par de años, me atrevería a
decir) han sido como una patada en los ovarios –obvio, soy mujer-.
Pero creo que para todo hay límites. Para todo, de verdad.
Me cansé de que las personas cercanas duden de mí. Que quienes
en teoría me quieren, me dejen apartada como “un bonito recuerdo”. De aquellos
que me han dicho cuánta falte les hice, pero que no se queden más que una corta
temporada.
Cansada, mucho.
No, no mentí, no grité, no fue impertinente, no me enamoré,
no engañé, no me cogí, no rompí, no dije, no me guardé, no lo cambié, no nada.
Pero aun así, me deja un (ajeno) sabor a
metal en la boca.
Pecando entre la delgada línea de ser demasiado inocente y
demasiado idiota, creo que por esta ocasión me quedé en ceros. Perdí lo que
nunca hubiera pensado, lo inimaginable.
Y tras las lágrimas, detrás del coraje, de la desilusión y
de la amargura, me arrastra un cansancio muy abandonado.
Hasta las personas tan torpes como yo se cansan de siempre
defender, de siempre luchar, de estar atrás todo el tiempo para cuidar sus
espaldas, de ser la buena durante todo el cuento, de ser la incondicional; y
aun así, ser latigueada, abandonada y difamada.
He perdido a tantas personas, tantos amores, tanto tiempo.
Ya no permean.
Esta vez ya no. Me cansé, es real.
Tengo todo el derecho, yo también me desmorono. Estos meses
no han sido para menos, me lo merezco.
Me gané el derecho de estar en el suelo y no quererme
levantar un rato. Tengo el coraje para pedir ‘bandera blanca’ y un poco de
compasión. Y, ¿saben qué? Lo necesito.
Porque creo que no soy la única que debe entender,
comprender, asimilar y aguantar. Porque ya lo hice lo suficiente como para que todavía
tenga que luchar por ese lugar.
Es simple cansancio. Es, de verdad, bien sencillo.
Me cansé de estar llorando todo el tiempo y de no poder hacerlo
sin sentir culpa, de estar rodeada de personas que finalmente me hacen sentir
más sola de lo que verdaderamente estoy, de tener que aguantar patanes a la mitad de la noche; y mucho
más, de ser menospreciada.
Planeo sonreír para mí. Para esta “perra infeliz” que una
vez más observa el cielo desde el suelo. Que quiere caminar mientras siente el
pasto entre sus dedos, respirar con el viento en sus mejillas.
Lo mejor es que quiero soltar todo. Ya no quiero ser un problema,
estar en un problema, provocar un problema, o estar en medio del problema.
Simplemente quiero ser yo, y con eso ser feliz.
Algún día los volveré a ver en la calle, en estas avenidas
de la Ciudad de México. Les sonreiré, tal vez me detenga a saludar. Y ya.
Porque de ese cuento ya quemé sus hojas. Porque esa mentira
ya se acabó. Porque esa mujer ya se murió, y esa amiga ya se fue.
Me cansé.
Y me fui... Porque quien escribe estas palabras esta lista para
algo nuevo.
Hay veces que es mejor retirarse. No me refiero a cerrar
ciclos, sino a eliminarse de una ecuación.
Es simple. Y es complejo.
Se hace con amistades, se hace con parejas, se hace con
personas que quieres. Y es eso, demostrar que les quieres.
Sabes que es mejor sin ti, que te tienes que retirar. Que es
lo mejor para todos.
A veces es necesario un respiro, tiempo, espacio. Dejar que
las cosas se reacomoden como deberían estar.
Aunque duela dejar a las personas que quieres, pero sabes
que tu presencia implica un problema. Eso es eliminarse de la ecuación.
Borrar la equis, sustituirla, igualarla. Desaparecerla. Tú
eres la equis.
No es un complejo de mártir, no es huir por huir. Es evidente
que algo no está funcionando, y puedes ser tú ese factor. Es mejor irse.
Porque se estorba, se ensucia, se perjudica… Dueles.
Lastimas. Sobras.
Es mejor así. Igual darse un poco de espacio para hacerse un
favor, y dárselo a los demás. Igual no eres tú la que debería de irse en
realidad, no deberías de serlo, pero sabes que las cosas sin ti estarían mejor.
Mejor para los demás y para ti.
Es solo dar un paso a un lado. Dejar fluir el tránsito. Luego
regresarás a él, si es que así lo pactan las dos partes, o tal vez nunca lo
hagas pero sabes que esa otra u otras personas estarán mejor. Y eso es lo
mejor, eso es que lo que importa.
Supongo que a veces pasa. A veces las cosas no tienen
remedio.
Solo respira, vive, y sigue adelante porque es ahí donde hay
más.
Te di todo lo que considero mejor de mi persona, pero no fue suficiente. Me dejaste seca y no fue tanto para ti.
Fui alguien más. Solo alguien más que te dio todo lo que tuvo, y te lo dio a manos llenas, pero aún así no fue suficiente para que intentaras quedarte... Ya ni digo quererlo hacer.
Hoy llueve afuera y adentro de mi. Como esa metáfora cinematográfica, esa que hace referencia a las lágrimas, las lágrimas que no te lloré (aún).
Y sigo pensando en que no fui suficiente para ti. No era lo que buscabas ni lo que querías en el fondo.
¿Qué buscabas entonces? ¿Qué buscas ahora?
Nunca seré eso. Te di todo lo que era y no te fue suficiente. ¿Pues qué buscabas entonces?
Son muchas preguntas y pocas las respuestas. No hubo gritos, pero si muchas palabras omitidas. Creo que yo fui la que forzó las cosas.
Pero a pesar de todo me quedo con lo bueno, con los besos, las discusiones, los abrazos... Pero nada más.
Porque en realidad no hubo más.
Te seguiré extrañando por un tiempo. No sé cuánto, pero estoy segura que lo haré porque fuiste parte importante de mi historia, y lo seguirás siendo.
Espero que te vaya bien. Y ya no espero nada de ti. Me voy, cierro la puerta y me marcho.
Y mientras tanto sigue lloviendo, por dentro y por afuera... Hasta que se acabe la temporada de huracanes, y mis ganas de seguirte extrañando y anhelando...
No te voy a mentir… Me siento al borde del ataque de
ansiedad y paranoia extrema… Bueno, ese último punto no tanto, pero sí me
siento terriblemente.
No sé en quién confiar. No sé con quién me pueda acobijar en
este momento, o quién pueda comprender todo lo que siento. Sigo con la idea de
que te estoy rompiendo el corazón cada minuto que pasa.
Estoy loca, lo sé.
Te leo (el amor en tiempos de redes sociales, ¡demonios!), y
siento que cada palabra es para y en contra de mí. Es mucho dolor, ¿sabes?
Aún te amo. No terminé lo nuestro por falta de amor, lo hice
porque supe que no éramos quienes deberían estar juntos toda su vida aunque en
algún momento lo llegue a pensar, e incluso, a anhelar. Eres una persona a
quien nunca quiero olvidar.
Tus besos, tus abrazos, tu aroma, tu sonrisa y tus manos, tu
forma de hacerme el amor y darme refugio.
Todo eso.
Todo eso es más de lo que puedo soportar ahora que te quiero
dejar de amar. Quiero repararme y tu risa me quema la memoria. Me siento sola,
y no puedo estar con la persona con la que quisiera.
Quiero contarle a alguien todo lo que me pasa, lo que siento,
lo que extraño. Y me doy cuenta que esa persona que necesitaba como un buen
amigo ya no está, porque eras tú.
Y trato de encontrar a alguien para eso y me da miedo. Miedo
de que no me entienda, que me juzgue, que se asuste, de que te diga algo que te
provoque dolor. O que crea que eres lo peor que me has pasado cuando fuiste lo
contrario –por pocas o muchas, por las mejores o peores razones-.
Borré esas fotografías y esos recuerdos tuyos y míos, no los
soportaba. Era como un cuchillo cada vez que las veía o los leía. Empezar a
recordar por qué lo decía, en qué momento había pasado eso, lo bien que estábamos,
cómo me hacías sentir.
Era ácido en mi garganta.
Y ahora te leo, cada dolor en letras, y quiero irte a
rescatar como lo hice durante estos cuatro años… Y no puedo ¡carajo!
Quisiera decirte que todo estará bien, que no escuches a los
demás y a su venenoso punto de vista; que todo pasará y que volveremos a estar
juntos y felices. Pero tampoco puedo.
Porque ni siquiera sé si puedo o lo quiero. No sé si yo sea
capaz de seguir adelante.
Te he llorado, sufrido, respirado.
Como buena dramática, estoy tirada en mi cama sin poder
salir al mundo real. Me obligo a hacerlo entre amigos, alcohol, ocupaciones,
notas, datos duros, sonrisas falsas y maquillaje que borran el estrago de la
sal de mis lágrimas.
Y ahí voy. No me dejo caer aunque por dentro esté deshecha. Hay
amigos que se han ido en el peor momento de mi historia, otros que están pero
que sé que no podrán entender, también están los que me dan miedo hablarles; y
otros que sus palabras son huecas y sin sentido.
Pero aun así navego.
Pero tú, ¿y tú? ¿Qué voy a hacer para poder remediar todo?
¿Cómo puedo evitarte el sufrimiento que pasas? Quiero y necesito acobijarte,
pero no tengo garantías y no quiero ilusiones falsas que terminen en algo peor.
Es más ácido. Antes y después, es ácido para mí.
Me dueles más tú que yo misma.
Apareces, me mandas mensajes con mi mote cariñoso. Eres lindo.
Y no puedo responderte igual porque sé que sería peor fomentarte una idea en un
castillo en el aire que a la larga no podré subsidiar.
Me odio un tanto por eso. Y te odio a ti por haberme
provocado todo ese amor.
No puedo estar contigo. No puedes estar conmigo.
Fuimos egoístas. Cada quien por su parte.
Tal vez para
sobrevivir, tal vez porque todo el tiempo supimos en el fondo que esto se
acabaría y que era preferible recoger pedazos que polvo.
No soy una santa. A veces soy peor, mucho peor de lo que
aparento. Hoy, me siento la peor de todas las mujeres en el mundo. Soy horrible
-¡te hice llorar, carajo!-.
Ni siquiera puedo pedir que no me odies. Que me perdones.
Porque sería injusto. Pero si odio es lo que necesitas para dejar tu tristeza,
hazlo. Por favor, ¡hazlo!
Me duele y seguirá doliendo. Pero sí así logras salir y ser
feliz, y sonreír como el niño que eres, hazlo. Adelante.
Pégame en tu recuerdo, dime que soy lo peor que le pasó a tu
vida, que nunca me amaste, que siempre me deseaste lo peor. Y luego bórrame de
tus recuerdos. Déjame ir.
Yo me eliminé de la fórmula, de tu fórmula… Quiero que seas
feliz con quien debas serlo. Quiero que encuentres a la mujer que ponga tu
mundo “patas pa’rriba”, que le des todo lo que puedas, que sea tu diosa y con
ella formes a tu familia. Y que no te guardes nada para ti mismo, que si te
pide mariachi se lo des; que si te pide amor, le des a brazos abiertos; que si
te demanda compañía, se la des 24/7.
Pero sobre todo, que te guste hacerlo. Y con ello, seas
feliz. Que no me recuerdes, o que si lo haces, puedas pensar que fui un eslabón
para llegar al extremo donde encontraste todo lo que en verdad querías y
necesites.
¡Quiero que seas feliz! Aunque no sea conmigo. Aunque sea
lejos de mí. Aunque me tengas que odiar en el proceso. Aunque yo tenga que
mentir para que me odies. Aunque tenga que inventar una historia, que te la
cuenten y me termines quemando en la profundidad del abismo, donde no merezca
un lugar mejor.
Hazlo. Si lo necesitas, hazlo. A pesar del dolor, del
machete que tengo clavado en la espalda, de la sangre corriendo por mis brazos,
del frío que me consume… ¡Hazlo!
Solo porque sé que seguirás adelante.
Y aunque muera por abrazarte, olerte, seguirte amando,
durmiendo contigo… Prefiero tu sonrisa, a pesar del alto costo y de seguir
perdiendo.
Hay algo mejor adelante, para los dos. Yo lo sé. Aunque
ahora todo sea profundidad y obscuridad, debe existir algo que sea mejor para
los dos.
Te amo, lo haré. Te extraño, y lo seguiré haciendo. Pero hoy
ya no somos dos, ni estamos dos.
Sí, bueno. Esto de las despedidas… Es evidentemente
doloroso, creo.
No es solo decir adiós, es mostrarlo para solo seguir
adelante sin esa persona y todo lo que implica. Y puede que ello pase incluso
cuando aún la persona está presente físicamente.
Hay sendas maneras de alejar a alguien, detalles que si los
vieras desde afuera te darías cuenta que en realidad nunca estuviste totalmente
presente. Es como si fuera solo fuera un trámite.
Como la ley del mínimo esfuerzo.
Justo creo que muchas de las personas que más he querido en
la vida y que por innombrables razones se han tenido que ir, no se han
despedido ‘formalmente’. Tampoco es que sea muy buena con esos momentos.
Lloras, pues, es algo inevitable (no soy de chicle). Luego
me dan ganas de pedirles que se queden, porque podemos estar bien. Que no se
vayan por el dolor que implica, que me dejarían sola porque no hay nadie más
que cubra ese espacio que están dejando vacío. Un abrazo fuerte, y adiós.
Y aunque pudiera ser menos cursi (yo, claro) en esos
momentos, nada más no me sale. Pero en sí, ese ya es un problema mío.
Pero pensándolo bien, duelen más aquellas despedidas que no
tienen ‘adiós’ de por medio. Son esas lejanías de poco a poco las que terminan
rompiendo todo.
Es muy sutil, debo decirlo. Es como si todos los días,
durante equis cantidad de años, pasaras por una tela y jalaras uno de sus
extremos. Al rato, te darás cuenta que ese lado está todo maltratado, tal vez
haya cambiado de forma y de color, en el algunos casos hasta se rompe.
Se rompe.
También está la típica situación pasiva-agresiva, en la que
la otra persona dice que se quiere quedar pero mientras te cierra la puerta. Te
dice que te quedes, pero te empuja los zapatos. O qué tal que te dice sí pero
no cuando (ajam).
Ahuyentar también es una forma de despedir a las personas.
Para que alguien se quede, debes de mostrar que es bienvenida y no despedida.
Y ahora... Prefiero llorar frente al aeropuerto o en la estación de
camiones, a que me abracen y me rechacen a la vez.
Justo hoy platiqué con una persona a quien le lloré cuando
me dijo adiós. Y vaya que se despidió como unas cuatro o cinco veces (aunque me
encantaban las bienvenidas y regresos, debo confesar).
Me dijo, “¡Tooonta! No te quedes ahí. Respira, piérdete –eres
buena en eso-, sonríe y ya. No tienes que quedarte en donde no te quieren y
tampoco donde no se preocupan por demostrar lo contrario”.
No es que me dijera algo que no supiera desde el principio -nunca
me ha gustado llegar a una fiesta a la que no he sido invitada previamente-,
pero lo cierto es que duele más que te lo diga alguien que también se fue.
Además de unas cuantas groserías, insultos cariñosos, y palabras
ignoradas a propósito, me di cuenta que tenía que decirlo porque si se quieren
hacer cambios, se debe empezar de inmediato (¿no?). También fue por mi estúpida
sensibilidad.
“No te hubieras ido. Te hubieras quedado y nada de esto
pasaría. Me estarías abrazando, escuchando música –otra vez de tus discos o los
míos, de vinil-, y sonriendo como los tetos
que éramos. Los dos desde un departamento obscuro en un segundo piso, mientras
yo fumaba adentro y llovía afuera –y no al revés como pasa ahora-“, sí, se lo
dije sabiendo que venía una retahíla por delante.
Pero pues él se fue, y yo me quedé. Y luego vinieron más que
también se fueron, algunos sin adiós, pero todos con una despedida amarga.
Giré mi cabeza por los dos lados. Observé. Callé. Y solo una
lágrima se asomó.
Es obvio que me dueles, ¿sabes? Fueron cuatro años de
seguirnos los pasos… muchos pasos.
Pero el último año fue terriblemente doloroso. Muchas
grietas, lágrimas, mentiras, malos tratos, olvidos, respuestas estúpidas. No
creo que te hayas dado cuenta de todo, digo, ¿por qué lo habrías dejado pasar,
si fuera lo contrario?
Me duele saber que no soy la persona que necesitas, o que
quieras lo suficiente como para mantenerla a tu lado el resto de tus días. Más
me hiere saber que soy yo la que se dio cuenta y la que se tiene que ir a pesar
de todo el amor que siente por ti.
Nunca me verás con la misma intensidad con la que yo lo hacía,
nunca me dirás qué tan guapa soy para ti como yo solía susurrarte al oído en
cada oportunidad solo para hacerte sonreír. No me robarás un beso como yo lo
hacía, con esas ganas de llenarse de ti. O simplemente, dormir tan tranquilamente
como me pasaba cuando me dejabas tu aroma impregnado.
Nada de eso, jamás… Que de cualquier modo, nunca habría
ocurrido.
Supongo que no era mi oportunidad… Te lo dije algún día, a
mí las cosas buenas no me duran, incluso pocas veces me pasan. Son como las
estrellas fugaces, tan rápido como llegan, tan rápido como se van. Efímeras.
Así tú.
Pero bueno, ¿qué más podría decir nuestra historia?
Te lo revelé, todo el dolor y la decepción. En lugar de
quedarte y pelear, decidiste irte y darme un espacio que yo nunca pedí. Te
alejaste argumentando que yo necesitaba tiempo, y me dejaste cuando más sola me
sentía, cuando más vulnerable fui, cuando más quería de ti.
Así le echaste tierra a todo. ¿Qué más, no?
¿Te dolió, o fue solo un como paso más? No tengo ni la menor
idea de por qué toda esa lejanía. Dejas morir a pesar de que la solución está
en tus manos.
Yo no quería tiempo o espacio, solo quería más de ti y que
me demostraras que en verdad querías estar conmigo (lo que no hiciste durante
los últimos dos años de relación).
Lo que me terminó de ahogar fue esa indolencia, esa
desaparición constante, ese ‘valemadrismo’ para conmigo. Te lo repetí, no me
soltaste pero no lo arreglaste. Simplemente dejaste que –de nuevo- todo lo
arreglara yo. Para que esa misma mujer regresara como si nada hubiera pasado,
sonriera y te volviera a besar a pesar de todo lo malo y lo bueno. Para ser la
incondicional, la tonta incondicional.
¿Es cobardía, acaso? ¿Crees que no me doy cuenta de tu ley
de mínimo esfuerzo?
Hace muchos años, de verdad que bastantes, me prometí nunca
más dejarme perder. Esta vez no será la excepción, claro. No, no lo es.
Pero aún tengo la herida abierta. Fueron cuatro años de
inventarte justificaciones, de amarte con los ojos vendados incluso sabiendo lo
que pasaba tras el telón. Fueron muchos días de sonrisas, claro, pero fueron
más pesados los ladrillos que me pusiste en la espalda.
Hoy, lo que me resta es una bolsa con todas tus cosas, tus
fotos y tu anillo que me recuerda una promesa que no podremos cumplir. Además
claro de todos mis nudos mentales y en la garganta. Un adiós en los labios.
Hoy, la loca de la casa solo quiere dormir.
Hoy, solo quiero limpiarme las lágrimas y seguir adelante.
Hoy, soy yo… Y tú a la lejanía, sin que mis ojos te
alcancen.
Es solo amor lo que se necesita para hacer al mundo girar.
Quiero ese amor que se convierta en magia y me haga soñar una vez más.
Quiero a ese hombre que no le dé miedo volar conmigo, que le
gusten los paisajes y las puestas de sol. Que le guste cuidar de mi mundo como
a mí me gustará cuidarlo.
Me gustaría que me tomará de mi mano como si nunca hubiera
estado lejos, como si fuéramos parte de una misma historia eterna, la cual no
queremos que acabe jamás.
Quiero que le gusten mis gemidos así como yo podría soportar
sus ronquidos. Que la cama no sea solo un límite, sino una expresión más de
nosotros mismos.
Que me deje amarlo, entregarle todo lo que tengo y más. Que
me deje ser su aliada, desde el escritorio hasta la recámara. Y que esta lista
no le dé miedo, porque sabrá que lo mismo le puedo ofrecer… y mejor, que le
guste.
Que me deje decirle cuánto lo admiro, cuánto me gusta,
cuánto le amo sin que sea una carga para su espalda. Y que no se detenga a
mirarme perdidamente como si fuera el horizonte.
Alguien que me permita deshacerme en sus brazos, que me deje
andar a su lado. Que sea mi fuerza y guarida, y que me deje ser su refugio para
los buenos y malos momentos. Que sepa que incondicionalmente voy a estar ahí
para hacerle fuerte, para ser lo que él necesite.
Que pueda reconocer que no todas las respuestas se tienen en
el bolsillo, y con la humildad que le permita reconocer que no todo tiene que
ser resuelto por sus manos.
Quiero ser parte de su vida, una gustosa, y que no solo le
adorne los fines de semana; sino que me deje acompañarle en los días nublados y
en las noches frías de domingo. Que me deje ser cariñosa y que no me haga
sentir como un estorbo, carga o cosa inútil.
Una persona que le guste crecer, hacer más y compartirlo.
Porque eso haremos con nuestras vidas.
Si cree, usted, que pido mucho es porque seguramente no me
conoce cuando amo… Porque esto y más he sido. Porque más de esto seré.