Es irónico (y, a veces, cómico involuntariamente) cómo
vivimos. Nos complicamos tanto la cabeza con ideas, conceptos, sentimientos,
todos ellos fútiles.
Es diciembre ya, y parece que el huracán (el mío, en todo
caso) se ha ido calmando y ahora solo es una tormenta o depresión tropical que
va de salida. No con eso digo que todo está resuelto, porque falta mucho para
que eso se consiga totalmente.
Pero ya me siento menos atada a la depresión que casi me
mata en estos últimos meses. No dejaré de llorar -¡ja! Como si fuera así de
fácil-, pero sí estoy segura que ya no romperé a la menor provocación.
Es muy provocativo y aliciente este sentimiento de poder
salir del túnel. Es casi sensual. Así como llega, así lo quiero y necesito
abrazar porque es mi barca de madera que me sostiene en este vendaval.
Ha sido uno de los años más difíciles que me ha tocado vivir
en estos 31 de existencia. Perdí mucho, personas y cosas tremendamente valiosas
de mi vida, y sin las cuales, no creí poder vivir. Pero heme aquí, en plan de
reparación pero aquí sigo.
Y lo digo con humildad (aunque no lo pareciera), porque sé
que aprendí, a golpes pero lo hice. Me falta mucho por seguir, pero agradezco a
Dios y a la vida que hoy siga de pie, sangrando pero de pie.
Son muchas las heridas ahora, y las cicatrices ni se diga. Pero
las valoro y beso cada vez que puedo. Me han enseñado tanto. Y falta mucho por
aprender.
Para serle sincera, mi querido lector, me siento
terriblemente débil, cansada, un poco impotente, y poco confiada en mis capacidades
(mucho en la de ser una mujer atractiva, por nombrar una). Lo cual desde el
principio ya es deprimente. Sin embargo, sé que es solo un paso más que
necesito pasar para darme cuenta que no todo fue tan malo.
Aprenderse a perdonar como mantra de todos los días, para
que podamos ser mejores y disfrutar nuestras vidas. Todos los días.
Y en medio de todos estos sentimientos extraños y
abundantes, hay uno que me complace disfrutar: Paz. Total y egoísta paz
interna. No sé cómo demonios lo logré, pero lo hice. De alguna u otra forma,
pero estoy en ese camino misterioso de Dios.
Creo que dejé caer una carga que me hacía muy pesada, pero
ya que lo conseguí me siento estúpidamente bien. Tranquila. Creo que di en el
blanco, en lo que realmente necesitaba y me aferraba a no ver detenidamente.
Me encanta.
Pero casi muero en el intento. Y me siento como si hubiera
corrido un maratón, así de cansada.
Falta mucho camino por andar. No puedo darme el lujo de
detenerme. Pero si de abrazar cada minuto que tengo por vida, y más de los que
ya disfruté.
Bienvenida sea la agonía. Bienvenida sea la recuperación de
sí mismo. Bienvenido sea todo lo que venga. Y lo digo con los hombros agachados
y una sonrisa en el rostro, porque esto no se acaba hasta que se baje el telón.
Y la función, apenas comenzará.
“Oh, that’s life
Left dripping down the walls
Of a dream that cannot breathe
In this harsh reality
Mass confusion spoon fed to the blind
Serves now to define our cold society”
No hay comentarios:
Publicar un comentario