viernes, 21 de mayo de 2010

Extrañar a mis 23 años...

Extraño esas tardes donde la vida era facil, el sol te sonreía y el viento acariciaba la cara y te hacía pensar en lo bien que se veía el futuro...
Extraño esa parte donde las personas se preocupaban por tí, cuando te preguntaban "¿cómo estas?", o simplemente cuando se dejaban cuídar, y cuando podías preguntar "¿qué te psa?", sin que la respuesta fuera agresiva.
Extraño esos detalles, las palabras dulces, los buenos días inesperados, las rosas y las palabras de consuelo que llegaban sin ser pedidas ni esperadas.
Extraño ese abrazo consolador, donde te podías proteger y sentir que no había cosa alguna en el mundo que te lastimará estando entre esos brazos.
Extraño cuando las personas no eran tan desconfiadas, y no estaban a la defensiva, pensando que era su peor enemigo, o que fui un amigo que los traicionó, sin yo saber qué paso ni haberlo provocado.
Extraño esas amistades que hacían el trabajo ligero, que te hacían sonreír y que te despejaban de los problemas laboraes, aún cuando estuvieras en tu trabajo.
Extraño la sonrisa sincera, sin ser pretenciosa, cuando las personas mostraban su verdadero carácter y no te hacían sentir un mueble más del entorno.
Extraño poder saber que las personas están, sin necesidad de pedir que se queden.
Extraño las noches de viernes divertidas, cuando sólo era ver lo sencillo de la amistad.
Extraño el poder verte y saber que tenía en tí un confidente más allá de un amigo, más allá de un familiar, más allá de un alma gemela.
Extraño el que las personas no hablarán más a las espaldas, o que crearán palabras en tu boca que tú jamás dirías.
Extraño cuando las personas queridas no se creían esas palabras, y mantenían la fe en tí.
Extraño actuar como niño sin que fueras criticado o lanzado a los perros para que te hiciera madurar rápido.
Extraño que las personas solo confiarán en ti porque así lo querían... y lo necesitaban
Mi meláncolia... sólo de un viernes más en la lista.

Despedida

Que afán de negarlo… qué afán de querer disimular o de mantener la esperanza de que esto seguiría.

No sé muy bien cómo, pero simplemente paso. Y después de todo, es más complicado de lo que parece, más por los momentos vividos. Por las risas, las lágrimas, las eternas pláticas nocturnas, o simplemente por el hecho de sentir pertenecer a algo especial, aunque no lo fuera.

Primero aferrándome a la parte carnal, después a la compañía, después a la confianza, y por último al “te quiero”, pero me queda claro que después, nada vale para rescatar esto.

Me voy con la idea en la cabeza de que esto se acabo. Mucho es por mi culpa. Pero sólo pregunto, por qué destrozas lo que alguna vez prometiste no hacer; o por qué sigues aquí –si es que lo estás-.

La verdad es que se me ha acabado la paciencia, y vaya que la tengo. Sólo que ya no tengo de donde sostenerme para no caer. Y aunque siempre supimos que esto no era sencillo, y mucho menos ortodoxo, dentro de la línea de lo normal; ahora me dejo caer y vencer.

Supongo que ya será para después, ¿no? Pero tampoco quiero seguir haciéndome tonta. Diría mi abuelo que “está bueno el café, pero no tan cargado”.

Y es que ya, aquí me quede.

Me quede pensando que podría ser, algo que nunca existió, y hoy lo veo tan claro. Es mejor dejar las cosas como recuerdo, y darle vuelta a la página.

Sólo fue un capítulo especial más, sólo eso. Y aunque me hubiera gustado seguir haciéndolo especial, ya no tengo razón para hacerlo, porque sólo estoy ante mi reflejo, y he perdido el tuyo.

La parte más difícil será detener todo, y acostumbrarse al “nunca más”. Pero pues, qué más puedo hacer que resignarme a la idea, además hace tanto tiempo que no estás. Para qué pedirme vulnerabilidad, si a tus manos me rompes.

De lo que era, un montón de vidrios rotos, ahora sólo me volví polvo. Y sólo el tiempo, volverá a construir lo que era. Sólo que en esta ocasión, sin ti