Que afán de negarlo… qué afán de querer disimular o de mantener la esperanza de que esto seguiría.
No sé muy bien cómo, pero simplemente paso. Y después de todo, es más complicado de lo que parece, más por los momentos vividos. Por las risas, las lágrimas, las eternas pláticas nocturnas, o simplemente por el hecho de sentir pertenecer a algo especial, aunque no lo fuera.
Primero aferrándome a la parte carnal, después a la compañía, después a la confianza, y por último al “te quiero”, pero me queda claro que después, nada vale para rescatar esto.
Me voy con la idea en la cabeza de que esto se acabo. Mucho es por mi culpa. Pero sólo pregunto, por qué destrozas lo que alguna vez prometiste no hacer; o por qué sigues aquí –si es que lo estás-.
La verdad es que se me ha acabado la paciencia, y vaya que la tengo. Sólo que ya no tengo de donde sostenerme para no caer. Y aunque siempre supimos que esto no era sencillo, y mucho menos ortodoxo, dentro de la línea de lo normal; ahora me dejo caer y vencer.
Supongo que ya será para después, ¿no? Pero tampoco quiero seguir haciéndome tonta. Diría mi abuelo que “está bueno el café, pero no tan cargado”.
Y es que ya, aquí me quede.
Me quede pensando que podría ser, algo que nunca existió, y hoy lo veo tan claro. Es mejor dejar las cosas como recuerdo, y darle vuelta a la página.
Sólo fue un capítulo especial más, sólo eso. Y aunque me hubiera gustado seguir haciéndolo especial, ya no tengo razón para hacerlo, porque sólo estoy ante mi reflejo, y he perdido el tuyo.
La parte más difícil será detener todo, y acostumbrarse al “nunca más”. Pero pues, qué más puedo hacer que resignarme a la idea, además hace tanto tiempo que no estás. Para qué pedirme vulnerabilidad, si a tus manos me rompes.
De lo que era, un montón de vidrios rotos, ahora sólo me volví polvo. Y sólo el tiempo, volverá a construir lo que era. Sólo que en esta ocasión, sin ti
No hay comentarios:
Publicar un comentario