miércoles, 28 de diciembre de 2011

Antes de que se me acabe el año....

Bueno, otro que se nos va… Enterito, esos 365 días andantes se nos fueron –de nuevo- como agua entre las manos. Pero creo que han sido gratificantes las lecciones que nos dejo.

 
Al inicio (y sin empleo) empezaba a andar de nuevo ante los rieles de algo establecido: los medios. Primero con el señor Julián Andrade que me dio oportunidad de entrar y rehacer lo mucho que se rompió a lo largo de los últimos meses de mi pasado trabajo. Ahí conocí a personas que me han dejado tanto, y que les tengo gran aprecio por esa calidad humana que siempre me mostraron.

Además, me enseñaron otra parte del periodismo, ese que se hace sin gritos, descalificaciones, manotazos y berrinches. Ese periodismo donde deja la víscera sólo sobre las notas, y no sobre los peldaños de la estriba laboral. Se trata de Deyanira Morán, Jorge Santa Cruz, Irving Pineda, Nayelli González, Jaime Morales, Ulises Basañez, Rosalinda Olvera, Sergio Bañuelos, José Núñez, Leyda Martínez, Paulina Tavares, María Acosta… y otras tantas personas, que aunque olvido sus nombres, están en mi memoria.

Luego, de regreso al desempleo, y con ello, de nuevo a la escuela. Los idiomas no es lo mío –siendo mmmuuuuyyyy honesta- pero encontré una forma más para poder terminar (por fin) mi licenciatura. Y heme aquí, sólo al Ceneval de distancia para iniciar mis trámites de titulación.

Y aunque no sea de lo más amigable regresar a las aulas dos años después de “egresar”, si lo es cuando te das la oportunidad de disfrutar de nuevo esa vida universitaria. Llena de café, desvelos, libros y discusiones. Otra vuelta a una hoja ya vivida, pero siempre extrañada (menos las tareas, obviamente).

De ahí, se quedan como siempre mis hermanos de la carrera y –espero- de toda la vida. No más, no menos que Carla Cisneros, Mochis Conde (por algunos conocidos como Jorge), Ernesto Ordoñez, Erika Días (aunque se le conoce como otra Valhaus), Liz Aguilera, Silvia Díaz, Ixchel Ruiz, Adriana Miranda, Benito (y sus alias –aún muchos sin nombrar-) y Sergio de la Rosa. Además de la gente que es importante en mi vida, alias Guadalupe Díaz, Janis Ortuzar y Silvia Esnaurrizar.

Después, de regreso a los medios… Esta vez, termine en un periódico, el cual me ha dado lecciones desde la base del periodismo. Y aunque no concuerde con muchas de sus líneas, siempre ha sido grato saber que voy en buen camino. No me queda más que agradecer a Beatriz Fregoso, el prof. Sergio, Arturo Pérez, Elisa González, y toda la banda linda de Grupo Imagen Multimedia.

Sé que me resta mucho por andar, aún quedan días de este 2011, así que hay que andar. Este año fue de absoluto conocimiento y resarcimiento interno… Muchas cosas fuertes que pasaron en casa, pero que hoy me dejan más libre y con menos ataduras. Cada vez voy descubriendo más a esa niña perdida en el desierto, y recuperando lo que un día enterré bajo miles de capas protectoras.

Por eso, tengo que agradecer a toda la familia Nieto. Por aguantarme, y mostrarme que a pesar de los altibajos, ahí están.

Hay muchas personas más a las cuales hay que reconocerles su paciencia y datos culturales; pero si las recuerdo a todas, creo que esto nunca se acabaría, y la verdad es que no quiero hacer un texto que acabe de leer el próximo año nuevo. Sólo me queda recibir las nuevas experiencias que vienen, y con ellas, todas las personas que se quieran agregar a mi lista.

Gracias a todos, y nos seguiremos viendo, no sólo en 2012, sino más adelante.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Dejando mi capa de superman...

Sé que a mis 25 años no es fácil dejar una máscara o un rol que llevaba toda mi vida con él. Es complejo abandonar esa realidad que pensabas tan tuya, pero a la vez, tan injustamente ajustada a tu piel, como lo es tu propio aroma y naturaleza humana.

Esa capa, ese logo en el pecho, esa fortaleza que te hacía derivar los mayores y majestuosos obstáculos en tu vida, es más conflictivo arrancársela, que despedirse de la propia naturaleza que a todos identifica. Eso porque siempre fue parte de tu personalidad e instinto de supervivencia.

Sin embargo, es algo necesario para cuando te tienes que calificar –más con una terca perseverante y obstinada como su servidora-. No es fácil lucha contra el ego propio y decirte que no eres más de lo que ves: un ser humano con defectos y virtudes, algunas de las cuales aún desconoces porque te falta trecho por recorrer.

No es magia, no es un simple espectáculo que a las personas normales les guste apreciar. Pero sí creo que es algo necesario para el alma humana adolorida por tantas decepciones y frustraciones que se ha cargado a lo largo de su existencia (en mi caso, la mía).

Ese cargo de exigencia constante, de alta demanda ante mis actos, referencias, complejos, trabajos… de todo eso se trata. No es tan sólo un proceso de “un paso a la vez”, más bien radica en partes olvidadas de mi infancia, y que hasta ahora no sé porque guste de colgármelo a tan corta edad.

Debo de dejar de culparme por todo, buscarle soluciones a mi vida –y a las ajenas, sobretodo-, dejar de preguntarme el por qué de la simplicidad humana, sus actos y resoluciones. En este caso, sólo dejar (y dejarme) ser por esencia. Tal vez en realidad, es que espero demasiado de todo, de las personas, de las actitudes, incluso de la fe.

Son muchos los papeles que he cumplido en mi vida, pero el problema radica en que en todo suelo ser exigente. Peor cuando se trata de una condición propia, y empeora aún más, si se trata de errores. De esos que son perdonables pero que no suelo encontrarles respuesta que me satisfaga.

Sí, soy toda complicación, lo sé. Además, estoy loca como el 99.9 de las mujeres de este mundo (agregándole lo bipolar, histérica, neurótica, workaholic, temperamental, y sentimental). So, se tardará mucho en despegarme esta capa roja que me colgué al ver unas lágrimas ajenas, ante un problema externo de una realidad que no me pertenecía.

Eso me pasa sólo a mí, al quererme convertir en salvadora, en extremo cuidadosa, y en una peligrosa amante de las causas perdidas.

Debo dejar de ser tan cruel conmigo, más si son situaciones ajenas a mis pasos. No puedo ocuparme de esas personas tan queridas, por mucho que las aprecie y quiera. Esa parte de aprensión que me lastima, al no poder controlar cosas ajenas a mis manos. O peor, que no me incumben.

Renuncio a mi plan de superman, o de superniña en su caso… No es simplemente por mi pérdida de fe a la humanidad, sino radica en un problema de salud propia. No puedo, más bien, no tolero esta realidad que me hace responsable de roles que no me corresponden. Debo de abandonar esos patrones que hasta hoy me identificaban, y reencontrar a esa niña en el desierto.

A esa niña que se dejo derivar en un punto del Sahara, y que ahora no sabe para dónde ir, ni qué hacer, ni qué pensar. Me veo sentada en posición de flor de loto, pensando intrínsecamente en mi realidad, en mi camino, en mi futuro –y todo lo que esto conlleva-.

C’est finí… Se acabo el cuento de nunca acabar, donde la princesa se convirtió en una heroína con exigencias sobrehumanas, que no cabían en la potencia de una menor de edad, que al final de cuentas respondía con retos a su soledad, a la cual, hoy enfrenta ante lágrimas y berrinches, al saber que no todo responde a una razón, y que el mundo sólo es así por serlo. Sin más, ni más… Sólo respirando.

viernes, 9 de diciembre de 2011

En actos de magia, para desaparecer...

Definitivamente hay cosas que se rompen, más si se dejan a la intemperie, solas, en la clandestinidad, o simplemente varadas.

Puedo decir que aunque tengo muchas grietas, aún sigo guardando la esperanza en la humanidad, la cual ocupa el lugar de la fe que le tenía, porque bueno… Sí, la he perdido.

La gente como tal no se da cuenta de las cosas simples, de las cosas bellas que se nos ofrecen día a día, y que hacen nuestros momentos especiales. Desde esos clásicos errores que aunque piensas no volverán a ocurrir, vuelves a incurrir en ellos; o esperar a que llegue un nuevo día, el cual aún no estaba planeado o destinado para algo más, que simplemente vivir.

Nos enfrentamos a nuestra realidad de vida, de saber que respiramos, y que lo hacemos a pesar de que miles o millones de personas dejan de vivir a cada segundo alrededor del mundo. Seguimos andando, algunos como autómatas, y otros con el paisaje como distractor.

En realidad, me siguen doliendo muchas actitudes, decadencias, faltas de humildad, incluso de consciencia; pero prefiero ese mismo dolor, a saberme indolente, hipócrita y falsa en mi concepción de persona.

Prefiero seguirme enamorando de esa persona totalmente inadecuada, pero sé que al menos puedo sentir aún ese rush que llena el espíritu de todos y cada uno de nosotros. Prefiero bailar –sola o acompañada- y cantar, a amargarme el andar diario de mi cotidianidad.

Mejor, prefiero sonreírme ante mis errores, aprenderles y seguir adelante. Prefiero ser cursi, romántica, tonta, olvidadiza, encapsulada, terca, testaruda, apasionada… Todo eso, lo prefiero, antes de dejarlo en el pasado y convertirme en ese “uno más”.

Mi esencia, no volverá a ser la misma que ayer, pero prometo que será mejor.

Sí, me volviste a herir (¿y la novedad?), pero sé que fue la última. No, última como he dicho algunas tantas veces atrás. No. Es porque en verdad ya me dejaste en ceros, ya no tengo nada que ofrecer a nadie, y por lo tanto, ya no tengo otra cosa que puedas lastimar en mí.

Me canse de dar, dar, dar y dar… Sólo para después recibir nada, o un gracias y no regreso. No, ya no. Es clase primera de supervivencia: no dejarte en la nada.

Alguien me dijo que tiendo a dar “señales” equívocas de entrada, y que sumado a que a los ex les gusta pensar que pasa “algo” aún con las ex, provocó todo este escenario. En primera, no, nunca fueron esas señales las que te di. Eso porque siempre quise ser una buena amiga tuya, nada más. Y después de rompernos, quise mantener esa amistad. Lo siento por ti, porque no lo superaste.

En realidad no es que no entienda mis ademanes mal interpretados, pero pues, así soy y así me asumo. Ya, si me vuelvo a equivocar, pues ni modo. No tengo por qué agobiarme. Si he de encontrar a la persona correcta, lo tendré que hacer, y si no, será bello ver el camino.

En cuanto a que les gusta preservar la idea de que hay algo más en nuestra “amistad post”, pues no, tampoco. ¿Creías en serio que todo era borrón y cuenta nueva?, ¿después de todo lo que paso? (No bueno con tu novatada...)

Paso, y sin ver.

Me seguiré equivocando, lo sé. Seguiré pidiendo disculpas por lastimar, me queda claro. Volveré a caerme mil y un veces más, está más que establecido. Pero no será contigo, y créeme que me sé levantar, y sin ti.

Una noche más que paso sin ti. Y, ¿sabes? Sigo riendo, coqueteando, amando, queriendo, y siendo la misma que fui aquellos días, en los cuales ninguno de los dos sabía en dónde pararíamos. Y sí, fuiste la luz de mi andar, pero te volviste aquella obscuridad de la cual quiero huir.

Me despido… bueno no, más bien desaparezco de ti y de esos recuerdos que hoy borro de mi récord.