lunes, 1 de octubre de 2012

Heme aquí...

A lo largo de mis 26 años he recolectado miles de historias, anécdotas, chistes y olvidos. He tenido más sueños que minutos de vida, y más puestas de sol que noches muertas.

También he recorrido miles de kilómetros elaborados de letras romances, de algunas novelas y de textos periodísticos. Me he disfrazado de todos mis personajes, y adopte algunos fantasmas en mi cabeza. He luchado con mis dragones, con mis molinos de viento y con mis peores pesadillas en donde matan a mi unicornio.

Tengo hermanos contados con los dedos de las manos, y muchos conocidos que me muestran el camino. También malas experiencias con falaces mascaras que no quiero olvidar, para recordar que como ellos, vienen más. Deje mis huellas profundas en donde he querido, y me deje olvidar donde la nada es rescatable.

Trace rutas para llegar a mis metas, caminos donde la senda es larga y ancha, con bellos paisajes obtenidos de los viajes (a pie y mentales) que he realizado. Deje que mi mente volara hasta donde mis manos tratarán de alcanzar.

Deje que tocarás parte de mi sombra, quitaras la ropa y besaras mis ojos. Me permití errar, claudicar, reparar y acariciar. Me volví a enamorar y dejar que todo lo borrará el tiempo. También me deje engañar, mil y un relatos en cuentos, que hoy siguen siendo parte de mis miedos.

Otras manos me tocaron, me dieron fortaleza mientras otras me abandonaron al ritmo que sus pasos le imprimieron. Deje de escuchar la melodía para notar las letras y la intención de la escritura, cuyo viaje me ayudó a aclarar las nubes. Me deje abandonar, evitarme y propicie que me dejaras de ver, y me mentí sobre la importancia de ello.

En mi cabeza sentaron vivienda siete traumas, de los cuales deshabite a cuatro y dos hicieron su penthouse. La loca de la casa jugó con su nuevo parque de diversiones y deje que aumentará su cauce. Mis miedos siguen encerrados, y algunas veces los deje salir para recordarme lo sensible de mi piel, y lo pálido de mis piernas.

Deje de creer en lo imposible, y le di fuerza a lo que me dejaron ver. Perdí fe en la humanidad, y la recuperé para mí. Me perdí muchas veces, me acobardé, y recordé que del otro lado alguien me esperaba. Seguí con mis pesares en las maletas y recuperé el mapa para seguir.

Creí que podía olvidar, lo hice y se me olvidó cómo hacerlo. Mis pies adelante y mis manos atrás me acompañaron. Por 9 mil 499 días respiré, estornude mucho y aspiré el perfume de las flores, el aroma de la tierra mojada y el olor de mis lágrimas.

Yo hoy, a mis 26 años recuerdo lo bello que es vivir.