De repente, cuando miro a esa niña solitaria en medio del desierto, puedo comprender por qué de su ruptura. El por qué está sola, del por qué se quedó varada, y por qué tiene sus ojos tristes.
Empecemos por saber que tiene un fuerte problema con su intención. (Léase como “es demasiado intensa”). “Y sí, lo admito. Me encanta sufrir por pasiones perdidas, por relaciones desastrosas que te dejan sangrando por dentro, tan sólo con una parte para recuperarse”.
“Esa parte masoquista de mi ser es inevitable e inherente de mi naturaleza”.
Luego, comprendemos que confía poco. Sí, aunque no se pueda entender mucho, la niña dejo de confiar en su mundo. Esto porque valúa en lo alto a lo que le rodea. Puede ser demasiado exigente, rígida, dura, cruel, determinante… fría. No puede confiarse del todo por sí misma, mucho menos en un segundo individuo, y ha aprendido a desconfiar de sus cercanos y seres amados (todos ellos).
Y aunque tenga fe en la humanidad (vana en ocasiones), puedo asegurar que le cuesta tirar toda esa rigidez, para dar paso a un extraño a su mundo. “Lo siento, no puedo si no me aseguras que no romperás lo estructurado, y aunque dejes tus huellas en mi, sólo quiero garantizar que no me destruirás desde adentro”.
Tiene graves problemas de idealización. “Todo lo idealizo –bueno, casi todo-. Tiendo a subir todo en un pedestal, y de ahí no lo bajo (aunque me cueste las lágrimas tratar de alcanzarlo)”.
Es demasiado severa consigo misma. “Tengo ese clásico complejo de superman, tirándole a madre protectora, con un toque de fragilidad de ‘diente de león’. Porque aunque usted -lector- no lo crea, sufro primero, de una máscara, luego doy paso a mi fortaleza y, por último, a mi debilidad para, eventualmente, repararme”.
Tiene problemas, miles de ellos. Es complicada hasta llegar a lo complejo. Incluso, a ella misma le cuesta internarse en su propio laberinto, el cual está lleno de trampas… “Las cuales, hasta yo desconozco”.
Le gusta pensar que vive en un cuento o historia con tintes dramáticos (como toda buena actriz frustrada), el cual aborda la vida alguien perdido (como toda buena psicóloga frustrada) la cual trata de buscar algo que perdió hace tanto, tanto que se le olvidó dónde lo dejo. Pero que en ese camino, el destino le tiene preparadas muchas sorpresas, las cuales hacen de su vida única (como toda romántica, cursi, masoquista que es).
Pero no, en realidad no es así. “No estoy viviendo una realidad alterna. Y creo que en el fondo no me gustaría que fuera así. Me gusta sentirme viva, me gusta sentir mi corazón latir cuando alguien me besa, me gusta disfrutar esa guitarra flamenca que me espera en los días especiales, me gusta la risa que me arrancan de los labios mis amigos… Me encanta sentirme viva, y apasionada por la vida.
Y aunque todo tenga contraluz, aunque persistan las malas rachas a mi camino, aunque me cueste cada respiración… Me gusta el olor de cada mañana, y de la tierra húmeda después de una torrencial lluvia.
Esas lágrimas que me saca mi pasión por la vida, son las únicas que tengo. Pero las que más agradezco. No hay luz, sin obscuridad; ni presente sin lecciones del pasado. Ahora, sólo tengo que seguir, hasta donde me alcancen los pasos, y el suspiro me de aire.
Soy vida, soy vida hiriente que lastima con sus espinas. Soy frágil ráfaga de viento que roza tu mejilla al despertar, y te cala los huesos por la noche. Ese primer rayo de luz en la mañana, que te deja ciego, para luego, dejarte ver los colores de tu andar. Ese suspiro de agonía que arranco en cada queja, esos pocos segundos de temperatura en el hielo. Soy tus mejores anhelos y deseos en una noche de pesadilla, y la mejor opción de tus males.
Tan sólo una vida más, por la cual moriré algún día, hasta que la pasión seque mis huesos”.