domingo, 20 de enero de 2019

Amor y sentimientos (a tener en cuenta)


Nunca he sido esa chica por la que otro chico pierde la cabeza, ¿saben?

Sí, de esas a las que les llevan serenata, les leen de noche o les dedican una carta verdaderamente melosa. O de las que vuelven loco a un hombre. No, simplemente he sido yo, una mortal más.

Cuando era niña solía pensar que el amor era algo con los que todos nacen, y que por eso había que ayudar a los demás. Era algo más fraternal. Pensaba que los grandes arreglos florales eran solo para “otras”, no para mí (porque tampoco era de las cuidaba las plantas en maceta, incluso se me secaban cuando tenía alguna); o que esas peticiones de rodillas estaba muy alejado del futuro.

Tal vez por eso nunca me visualice con alguien, casada o con hijos. Muy pequeña deje de pensar en los nombres de los hijos que tendría (o cuántos serían), en el color de la casa en la que habitaría, incluso en la raza de perro que cuidaríamos todos. Me imaginaba en un departamento en Reforma o Insurgentes, llegando muy de noche y cansada del trabajo en alguna estación de radio. Sola.

Y no es que me faltara un ejemplo de amor. Pero simplemente ese chip no se desarrolló. Tampoco era de las que creía en el príncipe azul que me rescataba de una gran torre o que luchaba contra dragones para luego vivir un “por siempre feliz”. Nunca me gustó (y hasta la fecha) idealizar a personas, creo que porque he sido consciente de que todos tenemos defectos y virtudes, las cuales se podrían sufrir o disfrutar, pero nunca nada es perfecto. Era solo lo que era: realidad.

Quizá eso me ha ayudado a perdonar, a veces en demasía. Pero también me hace pensar que no todo tiene un final feliz, y no lo espero.

Cuando adolescente, en ese primer amor que inevitablemente te rompe el corazón, pensaba que tal vez estaba equivocada y que todo podría estar bien. Sin embargo, la razón me llegó. Pero tras el paso de los años, solo creo que era lo que necesitaba; se trataba de un baño de agua fría. Además era todo dramatismo, rompíamos y regresábamos, nos gritábamos y luego todo quedaba en el olvido. Al final de cuentas, creo, que no era verdadero amor sino la necesidad de sentirse amado, bien o mal pero amado.

Luego vienen y van personas, importantes o no tanto, pero pasan. Seamos sinceros, nunca una relación es totalmente buena, pero te permite aprender y a formar ese imaginario sobre lo que quieres o no en tu próximo enamoramiento.

Y en esa última ocasión, todo el inicio superó tanto mis expectativas que en verdad creí que podría pasar, que podría congeniar con alguien y vivir con esa persona hasta el final de mis días. Envejecer contando chistes y de la mano caminar por algún supermercado un domingo por la tarde.

Pero pues no. No pasó. Se acabó todo tan rápido que tardé muchísimo en darme cuenta que solo yo creí en eso. No, corrijo. Que solo yo luchaba por eso, porque el otro cayó en el error de darme por segura, y que pasara lo que pasara ahí estaría yo. Lo cierto es que eso no pasa, una relación nunca es sencilla, es más complicada de lo que se podría pensar porque son dos universos totalmente diferentes haciendo colisión. Por eso supongo es importante creer que son dos contra el mundo, y entenderlo bien.

Total, ya pasó. Ya perdoné, aunque eso no significa que podría regresar a lo mismo. Porque sé que pasaría lo mismo. Honestamente no tengo tanta fuerza ya.

Y esos remanentes de fuerza me dan para construir algo más modesto y pensado. Que tal vez dure más, o poco pero mejor. Ese “siempre” se hizo flaco de nuevo.

Pero, no puedo dejar de pensar que no soy esa chica por la que un hombre pierde la cabeza, por amor. Y sigo pensando, muy en el fondo, que tal vez es lo que necesito: un amor que quema. Pero la razón, muy creciente, me dice que es mejor reservar esos anhelos.

No me malinterpreten, no es que sea negativa o atraiga ese tipo de vibras. Más bien es un deseo que veladamente guardo en el espejo de mi realidad. Porque en realidad lo quiero más de lo que me gusta admitir, pero el percibir lo contrario hace que me desmorone por adentro.

Tal vez solo espero demasiado.
  
And now you've got me here, aware. I see through the innocence.
I know the way is getting hard but it's sold away for losing crib.
Music keeps me spirited, but nothing can compare the way