Al paso de los años, nos damos cuenta que nos vamos haciendo más frívolos ante nuestra propia realidad. No pensamos en los errores que tenemos, pero si en qué le hace falta al otro. Y fue así como tú me lo dijiste.
Sabía que no eran buenas palabras las que contenían en esa carta, sabía que no era la misiva que yo pudiera esperar de tu persona, y lo peor, no sé por qué, pero decidí abrirla.
Y después de más de ocho años de conocernos, me vienes a decir toda la imagen y concepción de mi (dirías "más vale tarde que nunca"... pero muuuy tarde sería).
Debo decir que si... muchas cosas son certeras sobre mis hombros, como mi inseguridad en la calle, mi fobia a las alturas y mi amor por las causas pérdidas.
También es cierto que me gusta pasar las tardes lluviosas acompañada, o que tomo más cuando tengo un malabar en la cabeza, o que cuando necesito cariño no lo pido, sólo me acerco a buscarlo. Sabes qué pienso de las relaciones humanas, y más cuando se trata de asuntos sentimentales; el por qué no soy exigente, pero si clara y plantada.
Sabes cuando necesito un abrazo aunque me encuentre a metros de distancia; sabes cuando estoy a punto de llorar y el chiste tan malo que siempre me contaste para que me riera en tu hombro, mientras tu mano acariciaba mi mejilla.
También conoces mis celos a las personas que lo merecen, me conoces enojada con el mundo y contigo mismo; mis berrinches y mis malas palabras. Reconoces a mi persona cuando no quiero decir por qué, de qué, cómo o cuándo, pero estoy enojada contigo y no lo hago aparente. Sabes cómo hacerme gritar de furia diciéndote que te fueras y no regresaras nunca, aunque siempre fue mentira. Sabes cómo abrazarme para que no te dejara ir. Sabías cómo hacerme amarte... sólo un día más.
Pero dentro de la lista de características que me detallan, puedo decir que también es cierto que me dejaste un miedo impresionante por las huellas que tuvieron tus pasos en mi. Es cierto que me estoy dejando llevar por la mujer que nunca fui y que nunca quise ser, ante la enorme soledad que me embriaga... es cierto que necesito un alto en mi vida... pero me siento mal de que me lo diga la persona que me ha formado en esos aspectos hasta el día de hoy.
Está es la última vez que escribo para ti. No por reproche, no por celos, no por exceso de cariño congelado, no por reclamarte lo nunca dicho. Tan sólo es porque si quiero librarme de esas malas tendencias (totalmente ciertas) que he tomado de unos años para acá, contigo debo de empezar.
Gracias por todo lo que me diste, quitaste, compartiste y hasta me donaste. Gracias por el amor, por el afecto, por la pasión, la calentura y hasta por el odio. Gracias por enseñarme a odiar a la persona que más he amado, por ser el reflejo de todo lo que un día fuiste. Gracias por hacerme ver frágil y dejarme desnuda ante el reflejo de la luna.
Los insultos, los daños, los golpes omitidos, las lágrimas derramadas, los gritos, las quejas, todo lo malo... te lo tengo que agradecer. No sé bien por qué; y no... no es mi lado mártir o masoquista siempre mal aplicado, y hasta con humildad, como tú lo llamarías, sino porque tengo claro que es parte de la lección que me toca aprender.
Te voy a extrañar el tiempo que tenga que extrañarte, hasta que ame a otra persona como yo quiero volver a amar. Y todo lleva su proceso.
Lo que me queda por decir, es que aunque ya no seas tan mío como algún día lo fuiste, seguirás estando en esa parte de mi ser que sólo se abre con el par de los años y las lágrimas que recompensan el dolor sentido repetidamente por recordarte.
Y me cuidaré, lo prometo; no me dejaré caer, como alguna vez te lo dije, no seré más frágil de lo que ayer fui.
Y si... también estaré con los ojos abiertos, para ver al cielo, a las estrellas con su luna, como para ver lo que me ofrecen... Trataré de no ser tan ingenua a veces, pero tú sabes que no me es fácil ver más allá, creo en las personas... aunque me decepcionen y termine haciéndome a un lado.
Por supuesto, trataré de encontrar eso que siempre anduvimos buscando... y que nos faltó mucho por hallarlo en nosotros mismos.
Por último, y no por ser menos importante, conservaré esa promesa que hicimos cuando decidimos armar un cuento... que no tuvo un final feliz.