martes, 26 de mayo de 2009

Sólo un día más

Al paso de los años, nos damos cuenta que nos vamos haciendo más frívolos ante nuestra propia realidad. No pensamos en los errores que tenemos, pero si en qué le hace falta al otro. Y fue así como tú me lo dijiste.
Sabía que no eran buenas palabras las que contenían en esa carta, sabía que no era la misiva que yo pudiera esperar de tu persona, y lo peor, no sé por qué, pero decidí abrirla.
Y después de más de ocho años de conocernos, me vienes a decir toda la imagen y concepción de mi (dirías "más vale tarde que nunca"... pero muuuy tarde sería).
Debo decir que si... muchas cosas son certeras sobre mis hombros, como mi inseguridad en la calle, mi fobia a las alturas y mi amor por las causas pérdidas.
También es cierto que me gusta pasar las tardes lluviosas acompañada, o que tomo más cuando tengo un malabar en la cabeza, o que cuando necesito cariño no lo pido, sólo me acerco a buscarlo. Sabes qué pienso de las relaciones humanas, y más cuando se trata de asuntos sentimentales; el por qué no soy exigente, pero si clara y plantada.
Sabes cuando necesito un abrazo aunque me encuentre a metros de distancia; sabes cuando estoy a punto de llorar y el chiste tan malo que siempre me contaste para que me riera en tu hombro, mientras tu mano acariciaba mi mejilla.
También conoces mis celos a las personas que lo merecen, me conoces enojada con el mundo y contigo mismo; mis berrinches y mis malas palabras. Reconoces a mi persona cuando no quiero decir por qué, de qué, cómo o cuándo, pero estoy enojada contigo y no lo hago aparente. Sabes cómo hacerme gritar de furia diciéndote que te fueras y no regresaras nunca, aunque siempre fue mentira. Sabes cómo abrazarme para que no te dejara ir. Sabías cómo hacerme amarte... sólo un día más.
Pero dentro de la lista de características que me detallan, puedo decir que también es cierto que me dejaste un miedo impresionante por las huellas que tuvieron tus pasos en mi. Es cierto que me estoy dejando llevar por la mujer que nunca fui y que nunca quise ser, ante la enorme soledad que me embriaga... es cierto que necesito un alto en mi vida... pero me siento mal de que me lo diga la persona que me ha formado en esos aspectos hasta el día de hoy.
Está es la última vez que escribo para ti. No por reproche, no por celos, no por exceso de cariño congelado, no por reclamarte lo nunca dicho. Tan sólo es porque si quiero librarme de esas malas tendencias (totalmente ciertas) que he tomado de unos años para acá, contigo debo de empezar.
Gracias por todo lo que me diste, quitaste, compartiste y hasta me donaste. Gracias por el amor, por el afecto, por la pasión, la calentura y hasta por el odio. Gracias por enseñarme a odiar a la persona que más he amado, por ser el reflejo de todo lo que un día fuiste. Gracias por hacerme ver frágil y dejarme desnuda ante el reflejo de la luna.
Los insultos, los daños, los golpes omitidos, las lágrimas derramadas, los gritos, las quejas, todo lo malo... te lo tengo que agradecer. No sé bien por qué; y no... no es mi lado mártir o masoquista siempre mal aplicado, y hasta con humildad, como tú lo llamarías, sino porque tengo claro que es parte de la lección que me toca aprender.
Te voy a extrañar el tiempo que tenga que extrañarte, hasta que ame a otra persona como yo quiero volver a amar. Y todo lleva su proceso.
Lo que me queda por decir, es que aunque ya no seas tan mío como algún día lo fuiste, seguirás estando en esa parte de mi ser que sólo se abre con el par de los años y las lágrimas que recompensan el dolor sentido repetidamente por recordarte.
Y me cuidaré, lo prometo; no me dejaré caer, como alguna vez te lo dije, no seré más frágil de lo que ayer fui.
Y si... también estaré con los ojos abiertos, para ver al cielo, a las estrellas con su luna, como para ver lo que me ofrecen... Trataré de no ser tan ingenua a veces, pero tú sabes que no me es fácil ver más allá, creo en las personas... aunque me decepcionen y termine haciéndome a un lado.
Por supuesto, trataré de encontrar eso que siempre anduvimos buscando... y que nos faltó mucho por hallarlo en nosotros mismos.
Por último, y no por ser menos importante, conservaré esa promesa que hicimos cuando decidimos armar un cuento... que no tuvo un final feliz.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Mi otra sombra

De repente en un sueño te apareciste... no sé de dónde saliste pero empezaste a perseguirme.
Sentí tu aliento sobre mi hombro, se hacía cada segundo más pesado soportarlo. Fue entonces cuando me levante de la silla de ese café (por cierto, uno de mis favoritos). Salí del comercio hacía la nada, lo único que quería era olvidarte y dejarte en el lugar de dónde nunca debiste salir.
Parece que adquirí una nueva sombra...
Te quería perder en alguna de las calles de esta enorme ciudad, pero más bien parecía que bien tenías el ojo entrenado para ese tipo de cazería. No puedo imaginar qué cruza por tu cabeza, o cuál es el afán de toparme de frente. ¿Qué me harás cuando me tengas en tus manos?
A las dos de la tarde todos los sitios de esta metrópoli parecen estar congestionados. La calle 16 de Septiembre -obviamente- no era la excepción. Más bien parecía una gran junta de pequeños grupos asociados entre sí. Pocas familias, más bien era uno de los padres que venía con los pequeños. Comerciantes en todos lados, además de sus gritos, colores, texturas, sonidos, olores... otro mundo lejano.
Mis pasos eran veloces, pero creo que los tuyos andaban al mismo ritmo.
"¡Maldita sea!, ¿dónde podré perderlo?", me pregunte para mis adentros.
El tránsito, la multitud, los automóvilistas, todo hicieron que mis reflejos despertarán, y lo único que
pude hacer fue correr. Fueron como diez minutos los que anduve así.
Me hizo frenar la boca seca después de estar bajo el sol tanto tiempo. Un tendero se me atravesó, y pude disfrutar algo de líquido que inmediatamente refrescó más que mi alma. Parece que he perdido a mi cazador, y mi corazón se siente más aliviado.
Mis ojos aún no están distraídos, esperan encontrarte nuevamente en algún sitio de mi andar. Tengo suerte para hallarte, o el beneficiado es otro. Con mis años a cuestas, me he dado cuenta que es imposible dejarte, siempre preparas nuestro siguiente encuentro. Lo que no logró averiguar es cómo sabes tanto de mí, y por qué la sobre preocupación de mi persona o de lo que hago día a día. (Y yo qué pensaba que mi vida era monótona...)
De repente el día tan despejado, se empieza a cerrar. Parece que una tormenta se aproxima, y es mejor que salga de este lugar, que otra vez ha hecho que camine con la boca a sabor a hiel.
Aunque todavía con unas perlas de sudor en la cabeza, y un poco ansiosa, empiezo a caminar por ahí. Me cuido la espalda al dejar la tienda que me hizo frenar. Mi corazón ya sigue su marcha normal. Todo ha vuelto a la normalidad. Pero ya son cuatro veces las que mi corazón piensa lo mismo erróneamente. Sólo espero... que esta vez sea la última por fin.
Una... dos... tres cuadras al frente, y una más a la derecha para llegar a donde mi transporte me espera. La experiencia me ha dicho que no sea por lugares solitarios por los cuales yo divague. Por lo tanto, veo que a la cuadra de distancia hay suficientes personas como para no considerarse un paraje abandonado.
El cielo se empieza a cerrar más, parece que de repente anocheció. Sigo caminando. Tengo un mal presentimiento de todo esto...
Doy la última vuelta para llegar a mi destino. Mi corazón da un latido con fuerza al escuchar un paso y un sonido metálico detrás de mi. Sólo alcanzo a girar la cabeza hasta el hombro. Un golpe frío, con sabor a metal me ha dejado hundida en la obscuridad de mis pensamientos.
...
No sé cuánto tiempo ha pasado... mis sentidos empiezan a cobrar una vez más vida. Primero es el oído, después el olfato... después me hago consciente del dolor de mi nuca, ese que me dejo sumergida en sueños hace unos momentos.
Mientras me levanto y reconozco el dolor, abro poco a poco los ojos. Hay luz, que me permite deslumbrar lo que parece un bosque algo perdido. Estoy en una colina donde a lo lejos hay un par de árboles de gran altura. Hay una luna llena encima de mi.
No se siente mucho alrededor... algunos grillos al fondo, el viento correr a mi lado (que me hace despertar en poco tiempo), el agitar de las hojas de los árboles... parece que hay un río cerca...
En mi tranquilidad (falsa tranquilidad), empiezo a caminar hacía los árboles. Todo se pierde en medio de la obscuridad. Cada vez voy más rápido, empiezo a sudar de las manos y siento como la electricidad toma mis piernas, esta vez para darles fuerza y recordar mi instinto de supervivencia.
Uno... dos... tres disparos hacía mi. Parece que se han percatado de mi ausencia.
"¡Maldita sea!"... sólo distingo esas palabras salir de mis labios.
Mi garganta y boca las siento secas... es del tiempo que permanecí inconsciente. Mis manos sólo hacen que tiren a mi cuerpo hacía avante. Sólo es una voz la que me persigue... "¿si tiene un arma, por qué no sólo tira del gatillo?... maldita sea... ¿dónde demonios estoy?"...
Corro, corro... corro más rápido de lo que mis ideas dan... se acerca el primer árbol a mi... "creo que estando adentro de la malesa puedo escabullirme más fácil"..."pero eso no pasó en la ciudad..."
Miles de dudas corren en mi, y en mi torrente sanguíneo que corre... no corre, vuela.
Ya me encuentro a pocos metros... ya casi, ya casi...
Algo me quita el aire... no puedo respirar... siento una presión en mi estomago...
Me siento desfallecer, tengo un brazo en torno a mi cintura. Desesperación y frustración.
Un golpe me deja en el suelo, sobre el pasto húmedo, aún huele a tierra mojada. Boca abajo, siento como sangre recorre mi boca, mis brazos pierden fuerza, no puedo ya estar más de pie.
"No... de lejos no puedo oler tu miedo, frustración...", una voz... familiar...
Parece que hace años puedo distinguirla, recorro mentalmente caras de personas, cercanas, lejanas, parientes, conocidos, amigos... no, no la encuentro.
"¿Quién eres..?"... crédula... hasta yo me percato de mi torpe inocencia fuera de contexto.
Siento tu cuerpo bajar al suelo, estas a mi lado... siento por segunda vez en el día tu aliento, está vez, en la nuca. No me contestas, no me hablas, sólo acaricias mi cabello... como si fueras una persona que me apreció en algún momento de mi vida.
No puedo formular nada en mi cabeza, no sé qué harás de mi.
Tu mano se desprende de mi cabeza. Algo jalas de tu cuerpo. Yo sólo puedo ver hacía enfrente.
Un disparo...
Dicen que nuestra cabeza es como una cámara fotográfica... la última toma de mi vida es la maleza con algo de luz de fondo, de la única testigo de mi muerte, la luna.