De repente en un sueño te apareciste... no sé de dónde saliste pero empezaste a perseguirme.
Sentí tu aliento sobre mi hombro, se hacía cada segundo más pesado soportarlo. Fue entonces cuando me levante de la silla de ese café (por cierto, uno de mis favoritos). Salí del comercio hacía la nada, lo único que quería era olvidarte y dejarte en el lugar de dónde nunca debiste salir.
Parece que adquirí una nueva sombra...
Te quería perder en alguna de las calles de esta enorme ciudad, pero más bien parecía que bien tenías el ojo entrenado para ese tipo de cazería. No puedo imaginar qué cruza por tu cabeza, o cuál es el afán de toparme de frente. ¿Qué me harás cuando me tengas en tus manos?
A las dos de la tarde todos los sitios de esta metrópoli parecen estar congestionados. La calle 16 de Septiembre -obviamente- no era la excepción. Más bien parecía una gran junta de pequeños grupos asociados entre sí. Pocas familias, más bien era uno de los padres que venía con los pequeños. Comerciantes en todos lados, además de sus gritos, colores, texturas, sonidos, olores... otro mundo lejano.
Mis pasos eran veloces, pero creo que los tuyos andaban al mismo ritmo.
"¡Maldita sea!, ¿dónde podré perderlo?", me pregunte para mis adentros.
El tránsito, la multitud, los automóvilistas, todo hicieron que mis reflejos despertarán, y lo único que
pude hacer fue correr. Fueron como diez minutos los que anduve así.
Me hizo frenar la boca seca después de estar bajo el sol tanto tiempo. Un tendero se me atravesó, y pude disfrutar algo de líquido que inmediatamente refrescó más que mi alma. Parece que he perdido a mi cazador, y mi corazón se siente más aliviado.
Mis ojos aún no están distraídos, esperan encontrarte nuevamente en algún sitio de mi andar. Tengo suerte para hallarte, o el beneficiado es otro. Con mis años a cuestas, me he dado cuenta que es imposible dejarte, siempre preparas nuestro siguiente encuentro. Lo que no logró averiguar es cómo sabes tanto de mí, y por qué la sobre preocupación de mi persona o de lo que hago día a día. (Y yo qué pensaba que mi vida era monótona...)
De repente el día tan despejado, se empieza a cerrar. Parece que una tormenta se aproxima, y es mejor que salga de este lugar, que otra vez ha hecho que camine con la boca a sabor a hiel.
Aunque todavía con unas perlas de sudor en la cabeza, y un poco ansiosa, empiezo a caminar por ahí. Me cuido la espalda al dejar la tienda que me hizo frenar. Mi corazón ya sigue su marcha normal. Todo ha vuelto a la normalidad. Pero ya son cuatro veces las que mi corazón piensa lo mismo erróneamente. Sólo espero... que esta vez sea la última por fin.
Una... dos... tres cuadras al frente, y una más a la derecha para llegar a donde mi transporte me espera. La experiencia me ha dicho que no sea por lugares solitarios por los cuales yo divague. Por lo tanto, veo que a la cuadra de distancia hay suficientes personas como para no considerarse un paraje abandonado.
El cielo se empieza a cerrar más, parece que de repente anocheció. Sigo caminando. Tengo un mal presentimiento de todo esto...
Doy la última vuelta para llegar a mi destino. Mi corazón da un latido con fuerza al escuchar un paso y un sonido metálico detrás de mi. Sólo alcanzo a girar la cabeza hasta el hombro. Un golpe frío, con sabor a metal me ha dejado hundida en la obscuridad de mis pensamientos.
...
No sé cuánto tiempo ha pasado... mis sentidos empiezan a cobrar una vez más vida. Primero es el oído, después el olfato... después me hago consciente del dolor de mi nuca, ese que me dejo sumergida en sueños hace unos momentos.
Mientras me levanto y reconozco el dolor, abro poco a poco los ojos. Hay luz, que me permite deslumbrar lo que parece un bosque algo perdido. Estoy en una colina donde a lo lejos hay un par de árboles de gran altura. Hay una luna llena encima de mi.
No se siente mucho alrededor... algunos grillos al fondo, el viento correr a mi lado (que me hace despertar en poco tiempo), el agitar de las hojas de los árboles... parece que hay un río cerca...
En mi tranquilidad (falsa tranquilidad), empiezo a caminar hacía los árboles. Todo se pierde en medio de la obscuridad. Cada vez voy más rápido, empiezo a sudar de las manos y siento como la electricidad toma mis piernas, esta vez para darles fuerza y recordar mi instinto de supervivencia.
Uno... dos... tres disparos hacía mi. Parece que se han percatado de mi ausencia.
"¡Maldita sea!"... sólo distingo esas palabras salir de mis labios.
Mi garganta y boca las siento secas... es del tiempo que permanecí inconsciente. Mis manos sólo hacen que tiren a mi cuerpo hacía avante. Sólo es una voz la que me persigue... "¿si tiene un arma, por qué no sólo tira del gatillo?... maldita sea... ¿dónde demonios estoy?"...
Corro, corro... corro más rápido de lo que mis ideas dan... se acerca el primer árbol a mi... "creo que estando adentro de la malesa puedo escabullirme más fácil"..."pero eso no pasó en la ciudad..."
Miles de dudas corren en mi, y en mi torrente sanguíneo que corre... no corre, vuela.
Ya me encuentro a pocos metros... ya casi, ya casi...
Algo me quita el aire... no puedo respirar... siento una presión en mi estomago...
Me siento desfallecer, tengo un brazo en torno a mi cintura. Desesperación y frustración.
Un golpe me deja en el suelo, sobre el pasto húmedo, aún huele a tierra mojada. Boca abajo, siento como sangre recorre mi boca, mis brazos pierden fuerza, no puedo ya estar más de pie.
"No... de lejos no puedo oler tu miedo, frustración...", una voz... familiar...
Parece que hace años puedo distinguirla, recorro mentalmente caras de personas, cercanas, lejanas, parientes, conocidos, amigos... no, no la encuentro.
"¿Quién eres..?"... crédula... hasta yo me percato de mi torpe inocencia fuera de contexto.
Siento tu cuerpo bajar al suelo, estas a mi lado... siento por segunda vez en el día tu aliento, está vez, en la nuca. No me contestas, no me hablas, sólo acaricias mi cabello... como si fueras una persona que me apreció en algún momento de mi vida.
No puedo formular nada en mi cabeza, no sé qué harás de mi.
Tu mano se desprende de mi cabeza. Algo jalas de tu cuerpo. Yo sólo puedo ver hacía enfrente.
Un disparo...
Dicen que nuestra cabeza es como una cámara fotográfica... la última toma de mi vida es la maleza con algo de luz de fondo, de la única testigo de mi muerte, la luna.
No hay comentarios:
Publicar un comentario