sábado, 23 de abril de 2011

Otra vez: Yo.

Por quienes tengan dudas.

Pamela Michelle Nieto Rodríguez es una mujer de 24 años de edad, la cual siente que ha vivido de más en estos años. De repente se siente como de unos 32 años, sin arrugas ni colágeno aún disfrazando el paso de dicho tiempo.

Le gusta montar a caballo y correr. Le gusta sentir el viento en su cara, pero que tiene mala suerte con las lluvias, ya que parecen perseguirle a lo largo del todo el verano (y que conste que en México dura casi todo el año).

No le gusta que sean hipócritas, incluso prefiere una verdad amarga que le haga molestia en el estómago, pero que pueda agradecer al fin y al cabo. Prefiere que un día soleado al frío. Aunque siempre tiene las manos congeladas.

Le gusta la magia, lo esotérico y lo misterioso. La otra cara de la moneda. Pero no se olvida de lo duro que es el piso, y que es mejor nunca olvidarse de él, y por ende, de la realidad que sigue presente.

Aprende diariamente, de cualquiera y de cualquier circunstancia, aunque algunas veces se le olvidan las lecciones. Le gusta observar, sentir, respirar... admirar. Le gusta el arte, el teatro y la esencia de las personas que gustan de vivir, tan sólo por el hecho de estar aquí.

Le gustan los perros y los niños, aunque no siempre sepa cómo tratarlos o hacerlos reír.

Sabe que a veces la mejor salida no es siempre la más fácil, pero que de cualquier modo, en cierto momento tendrá que optar por ellas. E incluso, ha llegado a salirse tantas veces por ahí, que empieza a tomarle cariño a las decisiones más complejas.

Es masoquista con grandes sueños, idealista, y amante de las causas pérdidas. Le gusta ayudar, aunque se le este cayendo el mundo encima. Soñadora con la vista hacía el cielo, nunca olvidando dónde puso sus pies.

Neurastenias, víctima de sus hormonas y del juego que éstas deseen jugar. Y aunque se enoja con facilidad, así se le baja. Excepto cuando le tocan el orgullo, esa fibra sensible que hace un defecto inolvidable e intolerante.

Con un montón de defectos: boca de microbusero, con dagas en las palabras cuando quiere hablar duro, y aveces se le olvida ponerle atención a las cosas. Poco detallista y cruel con sus propios defectos. Perfeccionista, obsesiva, terca, dura y silenciosa.

Que cuando la lastiman, prefiere callar, darse la vuelta y retirarse para nunca regresar. Prefiere, guardarse para sí misma sus dolencias, las importantes, ya que son su propia cruz, y con ella debe de morir. Solitaria que aprendió a vivir acompañada.

Pasional, romántica y sexualmente activa. Que no entrega facilmente el corazón, pero que una vez enamorada "ya valió". Una vez enamorada, puede quedarse así por semanas, meses o años. Que puede ser leal, fiel, noble a un hombre, pero una vez roto el compromiso (y el corazón), deja todo de lado para reponerse a sí misma. El corazón de pollo debe seguir tibio, ¿no?

Romántica, pero no cursi. Le gusta más la pasión que la ternura. Le agradan las flores, los tulipanes más que las rosas. Los detalles más que el dinero. Las buenas conversaciones más que lujos. Prefiere a la persona, no la materia que le pueda dar.

Ella llora por las noches, cuando más frío hace, sin que otra persona le consiga escuchar. Orgullosa con las personas, ya que no le gusta que la vean tirar lágrimas. Le gustan los abrazos, sentirse querida, y en ciertos momentos, comprendida.

Pasional con la radio, la música, la información, las tendencias y los significados. Ama la producción, el crear elementos radiofónicos, expresarse a través de sonidos, voces, música, efectos... silencios. Diseñar imagenes sonoras. Y entender la relevancia de los hechos ante una sociedad que se ha hecho estéril al dolor y a la sorpresa.

Tequila, cerveza, vino tinto, whisky... siempre acompañados de una buena plática, amigos, risas, conceptos, y por qué no, hasta una buena botana. A la sombra, con luz, con velas, pero siempre con música, y de preferencia, ad hoc con el momento, y no sólo por cubrir el vacío del fondo.

El baile, lo dramaturgo, la literatura, los sueños, las pláticas, la pintura, la escritura, la música... los desahogos. La forma alternativa de su vida, pero la sal de todos sus segundos. Correr a contraviento, andar en bici, estirarse, romperse, sudar... Ejercicio al fin y al cabo, como parte indispensable desde infante, aunque en tiempos, tendencia olvidada.

Tolerante en conceptos, pero no ante el engaño, la hipocresía, la doble cara, el puñal por la espalda, la mentira, la falta de fe o de confianza... No toquen a las personas que quiere, porque podría resultar una persona desconocida y peligrosa para el resto. No amenaza, promete. Y su máximo compromiso, el juramento.

Perdón, pero con el paso de los años, ha aprendido a confiar más en los hombres. Con ellos sólo corres el riesgo de que te quieran meter bajo sus sábanas. Para las mujeres hay miles de cruces, y le han tocado muchas desagradables. Las pocas amistades femeninas, las conserva por su excelente calidad humana, y seguramente porque llevan algo de masculino en su interior.

Creció con hombres, se crió con hombres, aprendió con hombres... Vaya, no le dan miedo las cosas rudas, y tampoco le teme a rasparse las rodillas o romperse una uña. Pero comprende que por mucho, su fuerza corporal siempre será rebasada por la de ellos, por lo menos así es con ella.

Aprende a la primera, no le gusta rogar, en realidad, es muy mala para eso. Si quieren estar, dice, deberán estar, sino, las puertas están abiertas. Nunca ha querido retener a alguna persona por la fuerza, y tampoco se queda en lugares donde no le quieren. Prefiere llorar con una despedida a terminar llorando por una mala presencia. De eso, ya aprendió lo suficiente.

Es parte, complemento y extracto de todas las personas que le han rodeado a lo largo de estos 24 años de experiencias. Así que, seguramente, tiene algo tuyo, sólo falta averiguar qué parte es.

domingo, 3 de abril de 2011

Suspirando mi estancia.

Muy a tu pesar... aquí sigo. Aunque me quieras ignorar o veas sólo a un ente sentado frente aquí, sigo estando aquí. Respiro, vibro, grito... siento.

Lamento mi permanencia latente, ni siquiera yo consigo zafarme de mí misma, a pesar de los años y de la experiencia. Tal vez creas que es por indolencia, o falta de responsabilidad en mis actos, tal vez te haya roto el corazón con mis palabras. Nunca lo sabré.

También puede ser que me dejaste cuando era aún tierna, de falda y jugaba con muñecas; y quisiste regresar cuando utilizaba pantalones entallados, camisetas de mis hermanos mayores y aprendía a fumar por primera vez. Puede ser que aún ignores muchas cosas sobre mí, más de las que tú piensas, como por ejemplo, mis valores, nivel de ética y compromiso con mis metas.

Incluso te falta conocer mis gustos y prioridades. En el peor de los casos, mis fallas y defectos. Traumas al fin y al cabo.

Pero aquí sigo, y al parecer seguiré sólo poco tiempo. Por decisión mutua, y porque lo mejor es ignorar que pasan las cosas. Me ignoras. Deseas que no me sienta frente a ti, en modo de silencio, pero ahí sigue mi ente.

En cuanto mi ente dice algo, desapareces. Mientras que en cuanto dictas una orden, ahí tengo que estar. Permanecer. Tengo un nudo en mi garganta.

Fue hace mucho en que deje de confiar en ti. ¿Por qué? Pues porque me era más sencillo, después de las desiluciones, desesperanzas, promesas rotas y lejanías. Kilómetros de distancia. Dejaste de estar. De repente regresas. Quieres recuperar lo abandonado. Pero, el tiempo no pasa en vano. La soledad hizo lo suyo: me crió.

Fueron a través de silencios, castigos, malas palabras, un "no llores más", una bofetada tal vez. Sólo para que después regresaras y quisieras de nuevo mi cariño (eso puede explicar mi facilidad de cambios de humor, la hipocresía a mis sentimientos, mi degollado sentido de pertenecía). Perdón, pero no puedo.

Tampoco puedo hacerme responsable de todo lo que hagan los demás. Aún no soy madre, y ese por ende, no es mi hijo. Aún sigo creciendo, aprendiendo y tropezando. No sería un buen ejemplo. Aún mis palabras se convierten en armas, aún sacan sangre.

Y esa sangre hoy me ensucia. Aunque trate de lavarme, no puedo quitarla. Trato de borrar todo eso, y mi memoria sólo lo actualiza. Impotencia.

Supongo que aquí seguiré estando. La duda es el tiempo. Me has desheredado. Lo sé, hay más actos que palabras. Advertida estaba, tampoco era que jamás pasaría, sólo que nunca lo vi llegar. Furia. En fin, creo que será el final. La crianza hizo lo suyo; a mí me educó la soledad, a ti la represión y la falta de coherencia en tus actos y dichos.

Hoy no soy quién debería ser, hoy soy quien tengo y puedo de mí misma. No soy más que una sombra de alguien. No soy más que un sólo desdeño. Soy sólo el paso de alguien, alguien a quién no pudiste ni quisiste conocer. Y para empeorar el panorama, ya he creado mis propios rencores.

Ya no puedo, me rindo. No es que me falten las ganas, es que me falta la promesa. Tu promesa. Pero, ya no la espero. Sería como esperar demasiado, e ilusionarme con algo que no existe. Eso ya lo sé. Por eso, no puedo. Me rindo.