Muy a tu pesar... aquí sigo. Aunque me quieras ignorar o veas sólo a un ente sentado frente aquí, sigo estando aquí. Respiro, vibro, grito... siento.
Lamento mi permanencia latente, ni siquiera yo consigo zafarme de mí misma, a pesar de los años y de la experiencia. Tal vez creas que es por indolencia, o falta de responsabilidad en mis actos, tal vez te haya roto el corazón con mis palabras. Nunca lo sabré.
También puede ser que me dejaste cuando era aún tierna, de falda y jugaba con muñecas; y quisiste regresar cuando utilizaba pantalones entallados, camisetas de mis hermanos mayores y aprendía a fumar por primera vez. Puede ser que aún ignores muchas cosas sobre mí, más de las que tú piensas, como por ejemplo, mis valores, nivel de ética y compromiso con mis metas.
Incluso te falta conocer mis gustos y prioridades. En el peor de los casos, mis fallas y defectos. Traumas al fin y al cabo.
Pero aquí sigo, y al parecer seguiré sólo poco tiempo. Por decisión mutua, y porque lo mejor es ignorar que pasan las cosas. Me ignoras. Deseas que no me sienta frente a ti, en modo de silencio, pero ahí sigue mi ente.
En cuanto mi ente dice algo, desapareces. Mientras que en cuanto dictas una orden, ahí tengo que estar. Permanecer. Tengo un nudo en mi garganta.
Fue hace mucho en que deje de confiar en ti. ¿Por qué? Pues porque me era más sencillo, después de las desiluciones, desesperanzas, promesas rotas y lejanías. Kilómetros de distancia. Dejaste de estar. De repente regresas. Quieres recuperar lo abandonado. Pero, el tiempo no pasa en vano. La soledad hizo lo suyo: me crió.
Fueron a través de silencios, castigos, malas palabras, un "no llores más", una bofetada tal vez. Sólo para que después regresaras y quisieras de nuevo mi cariño (eso puede explicar mi facilidad de cambios de humor, la hipocresía a mis sentimientos, mi degollado sentido de pertenecía). Perdón, pero no puedo.
Tampoco puedo hacerme responsable de todo lo que hagan los demás. Aún no soy madre, y ese por ende, no es mi hijo. Aún sigo creciendo, aprendiendo y tropezando. No sería un buen ejemplo. Aún mis palabras se convierten en armas, aún sacan sangre.
Y esa sangre hoy me ensucia. Aunque trate de lavarme, no puedo quitarla. Trato de borrar todo eso, y mi memoria sólo lo actualiza. Impotencia.
Supongo que aquí seguiré estando. La duda es el tiempo. Me has desheredado. Lo sé, hay más actos que palabras. Advertida estaba, tampoco era que jamás pasaría, sólo que nunca lo vi llegar. Furia. En fin, creo que será el final. La crianza hizo lo suyo; a mí me educó la soledad, a ti la represión y la falta de coherencia en tus actos y dichos.
Hoy no soy quién debería ser, hoy soy quien tengo y puedo de mí misma. No soy más que una sombra de alguien. No soy más que un sólo desdeño. Soy sólo el paso de alguien, alguien a quién no pudiste ni quisiste conocer. Y para empeorar el panorama, ya he creado mis propios rencores.
Ya no puedo, me rindo. No es que me falten las ganas, es que me falta la promesa. Tu promesa. Pero, ya no la espero. Sería como esperar demasiado, e ilusionarme con algo que no existe. Eso ya lo sé. Por eso, no puedo. Me rindo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario