Nunca he sido esa chica por la que otro chico pierde la
cabeza, ¿saben?
Sí, de esas a las que les llevan serenata, les leen de noche
o les dedican una carta verdaderamente melosa. O de las que vuelven loco a un
hombre. No, simplemente he sido yo, una mortal más.
Cuando era niña solía pensar que el amor era algo con los
que todos nacen, y que por eso había que ayudar a los demás. Era algo más
fraternal. Pensaba que los grandes arreglos florales eran solo para “otras”, no
para mí (porque tampoco era de las cuidaba las plantas en maceta, incluso se me
secaban cuando tenía alguna); o que esas peticiones de rodillas estaba muy
alejado del futuro.
Tal vez por eso nunca me visualice con alguien, casada o con
hijos. Muy pequeña deje de pensar en los nombres de los hijos que tendría (o cuántos
serían), en el color de la casa en la que habitaría, incluso en la raza de
perro que cuidaríamos todos. Me imaginaba en un departamento en Reforma o
Insurgentes, llegando muy de noche y cansada del trabajo en alguna estación de
radio. Sola.
Y no es que me faltara un ejemplo de amor. Pero simplemente
ese chip no se desarrolló. Tampoco era de las que creía en el príncipe azul que
me rescataba de una gran torre o que luchaba contra dragones para luego vivir
un “por siempre feliz”. Nunca me gustó (y hasta la fecha) idealizar a personas, creo que porque he sido consciente de que todos tenemos defectos
y virtudes, las cuales se podrían sufrir o disfrutar, pero nunca nada es perfecto.
Era solo lo que era: realidad.
Quizá eso me ha ayudado a perdonar, a veces en demasía. Pero
también me hace pensar que no todo tiene un final feliz, y no lo espero.
Cuando adolescente, en ese primer amor que inevitablemente
te rompe el corazón, pensaba que tal vez estaba equivocada y que todo podría
estar bien. Sin embargo, la razón me llegó. Pero tras el paso de los años, solo
creo que era lo que necesitaba; se trataba de un baño de agua fría. Además era
todo dramatismo, rompíamos y regresábamos, nos gritábamos y luego todo quedaba
en el olvido. Al final de cuentas, creo, que no era verdadero amor sino la
necesidad de sentirse amado, bien o mal pero amado.
Luego vienen y van personas, importantes o no tanto, pero
pasan. Seamos sinceros, nunca una relación es totalmente buena, pero te permite
aprender y a formar ese imaginario sobre lo que quieres o no en tu próximo
enamoramiento.
Y en esa última ocasión, todo el inicio superó tanto mis expectativas
que en verdad creí que podría pasar, que podría congeniar con alguien y vivir
con esa persona hasta el final de mis días. Envejecer contando chistes y de la
mano caminar por algún supermercado un domingo por la tarde.
Pero pues no. No pasó. Se acabó todo tan rápido que tardé
muchísimo en darme cuenta que solo yo creí en eso. No, corrijo. Que solo yo
luchaba por eso, porque el otro cayó en el error de darme por segura, y que
pasara lo que pasara ahí estaría yo. Lo cierto es que eso no pasa, una relación
nunca es sencilla, es más complicada de lo que se podría pensar porque son dos
universos totalmente diferentes haciendo colisión. Por eso supongo es
importante creer que son dos contra el mundo, y entenderlo bien.
Total, ya pasó. Ya perdoné, aunque eso no significa que
podría regresar a lo mismo. Porque sé que pasaría lo mismo. Honestamente no
tengo tanta fuerza ya.
Y esos remanentes de fuerza me dan para construir algo más
modesto y pensado. Que tal vez dure más, o poco pero mejor. Ese “siempre” se
hizo flaco de nuevo.
Pero, no puedo dejar de pensar que no soy esa chica por la
que un hombre pierde la cabeza, por amor. Y sigo pensando, muy en el fondo, que
tal vez es lo que necesito: un amor que quema. Pero la razón, muy creciente, me
dice que es mejor reservar esos anhelos.
No me malinterpreten, no es que sea negativa o atraiga ese
tipo de vibras. Más bien es un deseo que veladamente guardo en el espejo de mi
realidad. Porque en realidad lo quiero más de lo que me gusta admitir, pero el percibir
lo contrario hace que me desmorone por adentro.
Tal vez solo espero demasiado.
And now you've got me here, aware. I see
through the innocence.
I know the way is getting hard but it's sold
away for losing crib.
Music keeps me spirited, but nothing can
compare the way
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