domingo, 8 de junio de 2014

Carta a un desconocido

Yo sé que no te conozco, sin embargo me haces falta, mucha de hecho. 

No conozco tus manías, loción favorita o hobbies. Tampoco me queda claro cómo te gustaba el café, si te gustaba o si preferías algún té. 

Nunca supe cómo eras bailando, si tenías esa ilusión de entregarme en el altar, si me querías o cómo es que era tu amor hacia mi. 

No recuerdo tus manos, tus abrazos o lo cálido de tu voz. Desconozco tu cabello, tu sonrisa, tu forma de apapachar, incluso de regañar. Lo único tuyo que tengo (hasta ahora) es un álbum tuyo. 

Me queda esa soledad de saber que en algún tiempo estuve en tus brazos, fui motivo de tus alegrías y que incluso me enseñaste a gatear. 

Veo de lejos tu vida, esa que sólo tú conocías. 

Lo único que reconozco de ti en mi, son los ojos. Ahora sé que es lo poco que -tengo seguro- es mío. 

No hubo tiempo para reírte, crecer, abrazarte, reñirte o confesarme. No me diste tiempo para ser tu hija, y eso se lo dejaste a mis tíos y abuelo. 

Hoy, sólo tengo unas fotos pérdidas (y pérfidas), que regresaron a mi 27 años después. 

¿Y el resto?, ¡¿qué demonios le hiciste a nuestro futuro juntos?! Porque aquí no estás, y no estarás. 

Nunca sabré si me quisiste, o cómo lo hiciste. Sólo puedo sospechar (y lo necesito hacer) que sí lo hiciste, aunque nada convencionalmente. Te fuiste, y así me dejaste sin ese 'nosotros'. 

Y justo ahora, previo al día del padre no sé si deba regalarte algo (una corbata simbólica o unos zapatos invisibles), porque lo que me resta desconocer es que si algún día quisiste que te llamara 'papá'. 

No hay comentarios: