Raras cosas pasan en las noches de la ciudad. Y ante la sorpresa mejor seguir.
Eran más de las diez de la noche, tras un día largo y de discusiones; lo que perturbaba mi cabeza y pensamientos.
Mi música, cigarro y yo andando por Acoxpa. "Eyes wide open" de Goyte en mi oído izquierdo me despertaba y distraía del frío característico de diciembre. Tan abstraída que iba yo.
Unos pasos apresuraron los míos, sin darme cuenta.
Apareció aquel joven no muy alto y con sonrisa ingenua. Me llamó desde atrás y me dijo guapa.
Luego me acompañó sobre la banqueta. Mis nervios jugaban a creerte y a salir corriendo para evitarte.
Me contó que se llamaba Sergio, tenía 23 y trabajaba. Lo demás lo ignoro tremendamente. Me preguntaste dos cosas más y al grano, "¿saldrías conmigo?" Sí, la verdad es que te dije que no (y que evidentemente no lo haría con alguien que no conociera o que lo hiciera con un sujeto que me abordó en la calle).
Tampoco hubo intercambio de teléfonos (menos cuando he sido víctima de varias bromistas por ese medio). Todo te lo negué.
Aún así insiste en lo guapa.
A los pocos minutos te dejé en la calle, lo siento no era la ocasión mucho menos la pertinencia.
Me asustaste debo confesar, esos encuentros no pasan por la simplicidad de la casualidad. Aunque admiro el valor que mostraste sin dejar de sonreír, corriste el riesgo aunque no tuviste suerte.
Para mejorar el final, Bunbury me canta al oído "Sácame de aquí", lo que provocó el inicio de mi risa nerviosa de toda la noche.
Te dije que era frecuente visitadora de la zona, que igual cabía la fortuna de un eventual encuentro. Y aunque no estoy a la espera de ello, si pasa puedo decirte que podríamos ser amigos, sólo por la casualidad de vida que se nos ofreció.
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