Definitivamente es cosa de amor. Pero no siempre lo que brilla es oro.
La soledad tiene el efecto terrible de ahorcarnos con nuestros propios miedos e ilusiones. Tememos estar solos, incluso rodeados de las mayores suertes.
Tenemos miedo a nunca encontrar a esa persona que se adueñe de nuestras percepciones, anhelos, suspiros y pasiones. Nos sentimos abandonados, incomprendidos, lejanos de nuestra realidad y falsos a las percepciones.
La mejor de las caricias se convierte en la lejana brisa de un día de agosto. No sabemos ni apreciamos la vida que tenemos, fresca y clara.
Mientras que el amor... Bueno, nos vuelve locos y fuera de sí, pensamos que nada nos puede afectar en el día, que volamos y sólo vivimos para ese momento.
Somos tiernos, caprichosos, ligeros y hasta ridículos. Pero nos encanta. Esa parte de dejarse abrazar por la cintura, mientras que tus brazos se cuelgan de su cuello y el par de ojos se funden en un mismo mensaje silencioso.
Pareciera que todo trabaja como debe... Lo más dulce, y eso es lo exquisito de la experiencia. Hoy me di cuenta de ello.
Sigamos trabajando en ello, hasta que el corazón siga latiendo y la vida nos ofrezca un nuevo suspiro por el cual vivir...
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