Me gusta que las mujeres griten, exijan y busquen lo que por derecho les merece. Porque es cierto: nos están matando, violando, violentando, haciendo sentir vulnerables.
De ahí la necesidad de marchas, movilizaciones o plantones. En esta o en cualquier otra ciudad del mundo. Pero después de lo que vimos este 16 de agosto, durante la marcha feminista contra la violencia contra las mujeres, no creo que sea la respuesta. Porque luego de los destrozos, vidrios rotos, incendios, gritos, golpes (innecesarios); hoy aún me siento insegura de usar vestidos o shorts, tomar taxis o caminar sola por la noche.
No me mal entiendan, también he sido testigo y víctima de esa violencia de género. Una amiga muy cercana y querida fue violada por un vecino mientras regresaba a su casa del CCH; la víctima dejó su casa cuando terminó la condena de ocho años de prisión por miedo a represalias. También en Veracruz una amiga, con siete meses de embarazo, fue asesinada por otra mujer que le debía dinero.
Cuando tenía 11 años, la primera vez que usaba el transporte público sola, un adulto mayor me manoseó las piernas. Eso sin incluir las veces que he tenido que aguantar los chiflidos, vituperios, albures y malas palabras en la calle; o las ocasiones que tuve que atravesar la calle por miedo a que me hicieran algo más adelante, o la necesidad de buscar un lugar público para que me dejen de seguir. Incluso en el trabajo he soportado comentarios desagradables sobre mi cuerpo, he declinado invitaciones a "cenar" con jefes, o a defender mi trabajo porque "es mujer, qué va a saber".
Y con todo esto, aún no entiendo en qué esos brotes de violencia nos servirían a terminar con esa triste realidad.
Platicando con varias feministas, desde las académicas hasta las autodenominadas, llego a una conclusión: la respuesta no es excluir sino incluir. Mientras que subrayan que los hombres no son el enemigo ni las mujeres somos superiores a ellos.
Por eso mi falta de empatía con el hecho de que los hombres no son incorporados a estas protestas. Se quejan de que no son comprendidas pero tampoco los invitan a la lucha.
Y eso se debe, también, a que se teme la infiltración de provocadores, esos grupos de choque que manchan y desvirtuan las causas con conatos de violencia. Eso sin contar a los autodenominados anarquistas (que de verdad, nada de eso tienen) y que solo tienen ganas de ver al mundo arder.
Pero, por otro lado, hay hombres que quieren ayudar, son feministas y que respaldan esa lucha. Porque nos quieren ver vivas y plenas. Conozco algunos de estos sujetos.
Y esos 'algunos' también son periodistas y trabajadores de medios de comunicación que, por cierto, fueron agredidos por integrantes de esa movilización bajo el argumento de que "se había pedido que solo mujeres cubrieran la marcha". Eso no justifica sus actos, es más, suena a amenaza. Lo peor del caso es que hubo compañeras que fueron golpeadas y violentadas durante el cumplimiento de su trabajo.
Les explico algo: desde las jefaturas de información se prefiere a reporteros (hombres) por cuestiones de seguridad ya que en las marchas pueden surgir agresiones. O incluso puede ser que el número de reporteras dispuestas a cubrir son pocas. Solo por eso, no es un tema de género.
De cualquier modo, me parece que -igual que las mujeres- nuestros compañeros y compañeras periodistas merecen estar seguros durante su jornada, bajo cualquier circunstancia.
No soy de hule. Y entiendo totalmente que estos destrozos se deben a una furia contenida e impotencia ante tanta falta de seguridad, por esas mujeres que fueron silenciadas y cuya vida fue acortada de la forma más vil y cruel. No, no lo merecían en lo absoluto.
Me siento terriblemente por ese escenario gris en el que crecerá mi hijo o hija, ya que podría cuidarlo pero no garantizar que el gobierno lo proteja y le dé justicia. Temo por su seguridad.
Pero puedo confiar en que la educación que le brindaré es de respeto, no por el hecho de sean mujeres sino porque son seres vivos. Así de simple.
Lo que me queda claro es que necesitamos un marco jurídico que sí nos haga justicia, cero impunidad, y que sea garante de nuestros derechos más básicos. Lo digo como mujer, como madre, esposa, hermana, periodista, trabajadora, mexicana y persona.
Seguiré gritando por aquellas voces que hoy ya no se escuchan, por las víctimas de violencia e inseguridad, por aquellos que han sido echados por menos. Para que no haya gobierno que se haga el desconocido, que sea flojo y ciego, que trabaje por el bienestar de todos, hombres y mujeres.
Por eso el "Así no". No es porque nos duela más una pared, una parada de Metrobús o un monumento histórico, es porque con las pintas, cristalazos e incendios no se garantiza que se resuelva el problema pero sí obstaculiza la solución. Al menos, unos lo usan para justificarse.
Sean más listas que las circunstancias. Seamos. Por el bien de todas.
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