martes, 9 de junio de 2009

Parte de mis teorías

Y bueno pues... después de hacer un reciclaje con las ideas de la memoria, creo que hay algunas cosas que puden salir a la luz después de tanto tiempo que las he reservado para mi colección privada.

Esto que les haré pasar tiene algunos años conmigo, de hecho estaba en segundo semestre de mi carrera, era el año 2005 y tenía 18 años. Es parte de una colección de pensamientos que frecuentaban mi cabeza después de aprender cosas amargas sobre el amor, el cariño, la amistad y la fraternidad.

Lo quiero compartir porque han pasado muchas noches, y creo que entre más cosas te guardas, menos podrás superarlas. Y este es buen momento para hacerlo. Debo de hacer una aclaración... puede que las palabras que se presenten parescan de una pequella parbulilla (y en gran parte es cierto), pero debeís comprender que soy una persona débil, y que diario trato de dejar de serlo... Así que no juzgais tan duro como puedas, esta es más que nada una muestra de humildad, nobleza, inocencia que ahora siento prudente sacar al mundo. Espero que guste....

Capitulo VI


A pesar de todo, y aunque el tiempo pase, las experiencias que tienes te enseñan algo.


Los golpes que te das al caminar por el camino que te tocó, te enseñan a sobrevivir en esta jungla, donde sobrevive quien más fuerte sea (desgraciadamente así es). Solemos pensar en nuestros momentos difíciles: que será lo último o que nuestra jareta de fortaleza se ha derrumbado y que nuestra fuerza se ha acabado, pero nunca es así. Tenemos siempre la fuerza para seguir adelante y no dejarnos caer, y aunque sea a gatas pero salimos del hoyo.

Eso es lo más valioso que tenemos: nuestro espíritu de lucha y es por eso que cuando caemos, recapacitamos y nos levantamos. Y sí volvemos a caer, el golpe ya no es tan duro como antes solía ser y salimos más fácilmente que en la primera vez (cabe aclarar que esto que escribo no pasa en todas las personas o en todas las situaciones cada individuo es muy distinto y respetable).

Cada vez nos llenamos de fortaleza y de nuevas ganas de vivir. Y aunque el mundo que nos rodea sea una “piltrafa”, nosotros sabremos aprovechar cualquier tipo de dificultad o de circunstancia.

La cuestión de esto es aprender a no endurecernos de corazón y darnos la oportunidad de seguir viviendo y respirando cada vez más hondamente.

Cuando el mundo nos da la espalda, y pensamos que todo lo que hemos hecho no ha servido para nada, debemos recapacitar y pensar que éste episodio nos ha de servir para dos fines principalmente: crecer a partir de este error y sacar lo mejor de él; y por supuesto saber que existe ese obstáculo para tratar de no volver a caer en él.

Al paso de los años te das cuenta que la vida es tan sólo una gran lección y cuando no tengamos la necesidad de aprender más, es cuando fallecemos (o por lo menos así lo quiero ver). Cada tropiezo, cada lágrima, cada herida, cada risa y cada palabra significa algo, y es que seguimos vivos y que de ese detalle algo debemos aprender. Por algo debemos vivir lo que estamos viviendo, y este puede ser un buen pretexto para seguir respirando.

No me arrepiento en lo mínimo de lo que me ha tocado vivir, ni pienso que haya algo que me haga falta algo por vivir pero tampoco lo he vivido todo; esa es la delicia de mi vida, que tengo la esperanza de vivir y sentir más de lo que obtenido hasta ahora. Y que todo lo que he vivido fue, es y será por algo, tendrá un propósito fundamental en mi vida.
Es por eso que no creo ya en el suicidio, ya que no puedo ser tan egoísta conmigo misma y con todo lo que involucro como para negarme la oportunidad de seguir aprendiendo.

He tenido buenas y malas experiencias como todos los mortales que pisan este suelo, y no me quejo, y sí lo hago es porque manifiesto que sigo viva y que estoy sintiendo. Desde la brisa de la mañana como la tierna luz lunar, todas esas sensaciones me hacen ver que hay algo adelante que desconozco pero que puedo llegar a conocer, a saber, inclusive a comprender.

Independientemente de mi historicidad, la vida (¡cómo todos lo saben!) no es un proceso sencillo, pero tampoco es un laberinto del cual no haya salida. Es tan sólo un mapa y un camino; el mapa es toda la educación que hemos recibido y el camino esta conformado por nuestras acciones; podemos tomar distintas rutas unas nos indicará el mapa que están bien y otras que no son las más correctas pero seguiremos adelante para llegar a nuestro destino; y es éste el cual nosotros debemos formar y conocer.

Y tomando en cuenta que no necesariamente nuestro destino es el final de la ruta (que por cierto, esa es la muerte) pues lo único que nos queda es dar un paso más hacía delante y actuar como queramos ya que “al fin y al cabo” es nuestra vida y sólo nosotros sabemos que queremos hacer, aunque esta visión discierna de la de nuestros seres queridos, pero así es esto.

La cuestión de esto es saber vivir.

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