De repente, el pasado juega una hermosa treta de miedo con nosotros y nuestra psique...
Hace dos días hablé con un gran amigo de vida (y uno de mis grandes amores -he de confesar-) acerca de cómo me transforme a lo largo de estos últimos cuatro años, y por ende, salieron mis traumas a relucir.
Y uno de los peores, es que ninguno de nosotros esta preparado para soltar a nuestro pasado. Y si bien, se puede explicar diciendo que todo lo referente al pasado puede explicar cómo somos en el presente, eso no implica que sea una limitante para seguir adelante.
Desgraciadamente, estamos acostumbrados siempre a justificarnos bajo una acción, cuyo verbo siempre esta en pasado o pretérito; cosa que, sinceramente, nos ha venido a joder la existencia. Esto porque no soltamos esas heridas que algún día nos dejaron, o nos aferramos a los lindos recuerdos para poder avanzar. Pero no nos damos cuenta que lo valioso o lo mejor siempre vendrá en nuestro presente o futuro cercano, lo que pasó ahí se quedó.
Igual, no creo ser la mejor referencia de este mundo (sino pueden preguntarle a todos mis amigos), pero en realidad solemos enaltecer nuestros viejos amores, nuestros pasados triunfos, incluso la nostalgia que nos produce ese sentimiento del hubiera. Pero, ¿en realidad vale tanto la pena?
Con mi amigo en cuestión, he de destacar que es una de esas personitas que sé que aunque me siga doliendo, y -peor aún- extrañando, sé que no pasará nada. Pero con esa llamada me di cuenta de algo valioso, de algo que no podía ver hasta que él me marco y me dijo ¿qué te pasa?. Lo que pude observar es que puedes tomar el pasado como un referente, pero no como una plataforma o como una tablita de salvación.
Esto porque bueno, nuestro pasado no recuperará lo que hacemos hoy, o más bien, no será suficiente para explicarnos lo que hoy sucede con nosotros. Día a día crecemos, incluso en cuestiones como el amoroso. No podemos quedarnos en la melancolía del momento, o con la nostalgia de "en el pasado todo fue mejor (incluso el pasado en sí mismo)".
Ya no tenemos hubiera, se nos fueron entre las manos sobresaturando su valor y dándole otro que nos angustía y crea culpas.
Y aunque en verdad me gustó escuchar tu voz, y el que me dijera (mi amigo) todo lo que necesitaba escuchar, lo cierto es que me da tristeza aún saber que en parte, aún dependo de ti. Es triste y frustrante, lo sé. Lo rescatable es que sé que aún puedo contar contigo como uno de mis mejores amigos, de esos que aún te marcan cuando sienten que algo no va bien contigo.
Suena muy lindo, romántico, incluso perfecto, pero eso ya no va. No conmigo al menos, porque ya no estás aquí, y sólo me dejas un tipo de esponja (la cual llena un espacio, pero que aún tiene huecos de aire). No puedo subsistir del pasado, porque hoy sigo estando, y el ayer se me acabo.
Puedo ser cursi (como mis amigos aseguran), o puedo ser un poco romántica e idealista, pero en verdad que lucho cada día por dejar esos fantasmas atrás, y tan sólo fijar mi mirada en lo que se me destina actualmente. No es fácil, puesto a que por naturaleza soy nostálgica (vaya, de mis primeros recuerdos es de una tarde lluviosa, yo sola en mi casa escuchando música a los 7 años), pero creo que más bien los golpes de realidad que recibo, ayudan a caer en un referente más novedoso y activo, el cual se mantiene en el ahora.
No es cuestión de armar cuentos ni historias, mucho menos castillos en el aire; sino crecer un poco más, con fuerza y coraje, para que esos "cinco minutos" de felicidad valgan la pena en todo su contexto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario