domingo, 28 de agosto de 2011

Una parte de la máscara.

A pesar de que casi toda mi infancia la viví en hospitales y clínicas, aún no puedo soportar ese típico aroma que hay en sus pasillos y que te dan la bienvenida a ese lugar de sanación (por así llamarle). Mucho menos si se trata de asistir a una cita, chequeo general, o -peor aún- internar a un familiar o persona querida.

Tampoco, he logrado recapitular el soundtrack de este tipo de viviencias, pero si de un color pudierá dibujar todos estos momentos, definitivamente sería el sepia.

Aún no puedo determinar cuál es el punto que más me agobia de todo esto, sí el saber que todos los sanatorios tienen las puertas muy grandes, o el hecho de no poder salir corriendo en dichas circunstancias. Me parte el alma hasta las lágrimas, ese justo momento en el cual te hacen entrega de la ropa de las personas que vienes a internar, esa invariable pero fatal despedida en el elevador la cual te llena de dudas, pero nadie te las puede contestar, esas ocasiones donde los ves tendidos en la cama con miles de extensiones de plástico en los brazos, cuándo ponen un yeso en alguna extremidad mientras mantienes tu cara pálida...

Creo que por eso mi renuencia a meterme a la escuela de medicina. ¿Conciben una cirujana que no pare de moquear sobre la plancha, justo antes de la operación?

Aprendí a mantener mi distancia con el alcohol 96, las vendas, los medicamentos, las jeringas, los sueros, las intravenosas, las planchas, el yodo y los focos grandes. Es una mezcla de aromas y colores que provocan que la sangre sea el menor distractor.

El distancirme de una persona querida, para que ésta vaya a la cirujia, y yo a la sala de espera, es lo peor que puedo vivir. Y aún con todo el corazón quebrado, mi alma entristecida y los ojos lagrimeando, no he podido aprender a asimilarlo.

Lo bueno que me queda de todo esto es que he aprendido a colgarme bien mi máscara de Pamela, de indolencia, y de no pasa nada... De poder decir "todo está bien" (a pesar de que las lágrimas corran al interior de mis mejillas).

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