Sería bueno creerte de nuevo el libro de cuentos que de niña leías. Cuando pensabas que el mundo era mágico.
Sería bueno entender también que no todo es así de perfecto, es más, que la perfección solo existe en nuestros ideales y que es de humanos nunca alcanzarla.
También sería bueno dejar de martirizarse por cosas que no van a pasar, o por evitar que sucedan. Como que el amor se te muere entre las manos por más respiros que le des.
Pero todo esto son solo ideas de un martes por la noche, o mejor, de un miércoles por la madrugada. Cuando estoy en el ácido sin encontrar un camino mejor por andar; con el corazón inundado y la cabeza entre los pies.
Son ideas que llegan mientras tratas de evitar pensar en que otra vez fracasaste, que otra vez vas cayendo en picada libre sin paracaídas. Mientras que evitas sentir todo lo que deberías sentir, en darle esquina a todos los aguijones.
No sé si solo es un acto dramático, pero sé que me duele el corazón. Me duele pensar que romperé el amor de alguien más solo porque ninguno de los dos quiere aceptar que nunca fuimos el sueño del otro.
Porque en realidad, no me amas. Porque en realidad, yo sí te amé. Pero eso no significa que todo sea obscuro. Solo significa que a ti no te alcanzó el amor, mientras que yo te lo dí todo.
Otra vez, vuelve a pasar.
Otra vez. Heme aquí, por la madrugada escribiendo y tratando de aguantar las lágrimas.
Otra vez.
Te amo, y soy la que tengo que decir adiós. Como siempre.
Otra vez.
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