miércoles, 28 de diciembre de 2016

En mi precipicio

¿Qué pasa cuando intentas estirar un momento?

Sí, como tratar de vivirlo lo máximo posible para disfrutarlo lo más que puedas. Como si se tratara de una liga que da todo lo que pueda.

Se rompe, ¿no?

Llega un momento en que no soporta la tensión y tiene que ceder. Casi siempre termina con un latigazo de ambos extremos. Otras tantas ocasiones suena, más bien truena.

Y hasta ahí llegó. Es todo.

Lo mismo pasa con el amor, ¿verdad?

Se trata de estirar todo, de hacerlo vivir con la mayor de las intensidades todos sus momentos. La “luna de miel” hasta pasar el primer año juntos; luego, llega a madurar la relación y verdaderamente se conocen los dos.

Entonces, eres feliz. Tratas de estar cerca de esa persona todo el tiempo, porque quieres estirar todos los minutos disponibles con esa persona. Lo lates, lo vives, lo demandas. Es tu droga, por la cual temes ya que algún día podría terminarse (en algunos casos sobrevive hasta el final, ¡honor!).

Cada beso tiene un sabor distinto. La temperatura de sus cuerpos siempre es la adecuada. Las manos siempre en busca la piel ajena. Te quieres perder en sus ojos. Su aroma es todo el aire que necesitas. En realidad, no puedes separarte de esa persona; simplemente, te encanta. 

Es eso, te encanta como si se tratara de un acto de magia. Todo parece ser parte de una película francesa que habla del existencialismo y del romanticismo clásico. Todo parece ser lento y mágico.

No necesitas nada más, nadie más. Solo extender tu amor… hasta que se rompe.

Se rompe como esa liga que truena, y los extremos se hacen pedazos irreconocibles ahora por sus uniones. No hay remedio. No hay marcha atrás.

-¿Cuánto tiempo dura la liga extendiéndose?, ¿hay una señal para identificarlo?, ¿siempre es tan doloroso?-

He sido especialista en estirar momentos y amores. Siempre hay alguien en la relación que lo hace. Por eso sé cómo empieza todo, y cómo me aferro hasta lo último. Verdaderamente hasta lo último.

Hasta que sé que no hay nada qué rescatar. Hasta que no tengo corazón que rescatar. Hasta que identificó que sufriré más que la otra persona.

Estoy ante esa puerta. Esa delicada brecha en la que sabes que un movimiento en falso y todo tu castillo de naipes caerá y no reconocerás sus partes.


Solo a un movimiento. Solo a un segundo (que trato de estirar hasta que sepa que la rota soy solo yo). 

No hay comentarios: