A veces la lluvia crece y se convierte en tormenta. Y
después en huracán.
Cansancio. Culpa. Dolor.
Todo eso y más.
Las imágenes vuelven a mi cabeza todo el tiempo. Me pregunto
por qué pasó, cómo es que no lo pude detectar, por qué sucedió todo. Si fui yo
la responsable…
Culpable no. El culpable de una violación es el violador, no
la víctima; el culpable de un abuso es el abusador, no la víctima.
Entonces, ¿por qué siento que fallé? Aún quema la pregunta
meses después. Aún lloro por las noches cuando todo se apaga y no se escuchan
los gritos.
Mi tío en el hospital sin caminar.
Mi madre en una ambulancia inconsciente.
Mi tío sangrando.
Mi tía perdida sin memoria.
Yo sola. Mi marido solo. Los dos en el mismo auto, de noche,
viendo a los ojos de nuestra pesadilla.
Puedo entender por propia experiencia por qué la cultura de
la denuncia en nuestro país está perdida. La abogacía es cara, dudosa. Las
autoridades van a tiempos terriblemente cuestionables.
La corrupción. Los malos tratos. La falta de empatía, de
sentido proactivo, de las ganas de ayudar. La ausente comprensión hacia las
víctimas y el acceso a la impartición de justicia.
Siento que estoy diciendo algo que todos saben, que todos
denuncian, pero que poco se resuelve.
Se siente el agotamiento de luchar contra la corriente, de
ser un pez ingenuo que va nadando rumbo a la boca del tiburón. Esa impotencia
de imaginar que no saldré completa de esto. Que fuimos heridos y que la
cicatriz nunca se borrará.
Me carcome pensar que podría no alcanzar a la justicia. Que
el monstruo sería liberado, que atacará a más inocentes, que se repetirá la
pesadilla otra vez, en otros escenarios, en otros lugares. Que habrá más
víctimas.
Y poco eso importa a quienes lo pueden resolver. O al menos ayudar
a resolverlo.
Porque solo hacen caso a las bajas múltiples, a los bloqueos,
al escándalos, a lo sucio, al dinero, a los favores, a la política, al voto, a
la limpieza de imagen, a los intereses ocultos. A seguir siendo sin que nadie
los vea, pero demostrando que ya no lo son o que nunca lo fueron.
No vamos de la mano, son solo pasos dirigidos a rumbos egoístas. Que no saben el daño que han dejado hacer, que indirectamente han permitido, que han dado espacio a que hoy tengamos a nuestros hijos en terapia sin poder ser los que eran hace un año. Lastimaron lo más sagrado que puede existir en este planeta. Porque son responsables también
Porque se pudo evitar.
Maldita impotencia. Maldita frustración. Malditos quienes le hicieron daño a los corazones inocentes.
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