jueves, 1 de junio de 2023

Los que dañaron corazones inocentes...

A veces la lluvia crece y se convierte en tormenta. Y después en huracán.

 

Cansancio. Culpa. Dolor.

 

Todo eso y más.

 

Las imágenes vuelven a mi cabeza todo el tiempo. Me pregunto por qué pasó, cómo es que no lo pude detectar, por qué sucedió todo. Si fui yo la responsable…

 

Culpable no. El culpable de una violación es el violador, no la víctima; el culpable de un abuso es el abusador, no la víctima.

 

Entonces, ¿por qué siento que fallé? Aún quema la pregunta meses después. Aún lloro por las noches cuando todo se apaga y no se escuchan los gritos.

 

Mi tío en el hospital sin caminar.

 

Mi madre en una ambulancia inconsciente.

 

Mi tío sangrando.

 

Mi tía perdida sin memoria.

 

Yo sola. Mi marido solo. Los dos en el mismo auto, de noche, viendo a los ojos de nuestra pesadilla.

 

Puedo entender por propia experiencia por qué la cultura de la denuncia en nuestro país está perdida. La abogacía es cara, dudosa. Las autoridades van a tiempos terriblemente cuestionables.

 

La corrupción. Los malos tratos. La falta de empatía, de sentido proactivo, de las ganas de ayudar. La ausente comprensión hacia las víctimas y el acceso a la impartición de justicia.

 

Siento que estoy diciendo algo que todos saben, que todos denuncian, pero que poco se resuelve.

 

Se siente el agotamiento de luchar contra la corriente, de ser un pez ingenuo que va nadando rumbo a la boca del tiburón. Esa impotencia de imaginar que no saldré completa de esto. Que fuimos heridos y que la cicatriz nunca se borrará.

 

Me carcome pensar que podría no alcanzar a la justicia. Que el monstruo sería liberado, que atacará a más inocentes, que se repetirá la pesadilla otra vez, en otros escenarios, en otros lugares. Que habrá más víctimas.

 

Y poco eso importa a quienes lo pueden resolver. O al menos ayudar a resolverlo.

 

Porque solo hacen caso a las bajas múltiples, a los bloqueos, al escándalos, a lo sucio, al dinero, a los favores, a la política, al voto, a la limpieza de imagen, a los intereses ocultos. A seguir siendo sin que nadie los vea, pero demostrando que ya no lo son o que nunca lo fueron.


No vamos de la mano, son solo pasos dirigidos a rumbos egoístas. Que no saben el daño que han dejado hacer, que indirectamente han permitido, que han dado espacio a que hoy tengamos a nuestros hijos en terapia sin poder ser los que eran hace un año. Lastimaron lo más sagrado que puede existir en este planeta. Porque son responsables también

 

Porque se pudo evitar.

 

Maldita impotencia. Maldita frustración. Malditos quienes le hicieron daño a los corazones inocentes.

 

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