Después de 25 años hay mucho que contar, pero bueno, sólo esos años bastarían para que ustedes se enteraran.
Son lecciones, cuentos, lágrimas, abrazos, risas, sentimientos… todo eso unido en una mezcla más o menos homogénea. Hoy me determino como soy (aja…)
Pero al final de cuentas, llevo adentro todo un crucigrama de enigmas que aún muchos no logró descubrir.
Me descubro melómana, escritora, poeta chafa, adicta a las tardes frías acompañada. Me declaró indecisa, fuera de control con hambre de devorar todo el conocimiento que se me atraviese frente.
No soy más de lo que conocen, pero tampoco soy menos de lo que esperan.
Soy la vaga ilusión, si me ven aquí no estoy. Soy un paradigma sin resolver, y que siempre que trato de esclarecerlo, me regresa al mismo punto donde inicié.
Soy esa palabra que fue escuchada pero no comprendida. Soy la recopilación de mi magia, en mezcla de aromas: vainilla, lirio, lima y coco.
Me consideró una parte de algo, la cual aún no encontrado a su todo.
Extrañamente, siento que he vivido mucho, he llorado demasiado, he envejecido rápido, y me he roto débilmente. Y no, aún no es tiempo de que esto se detenga, no es tiempo de que esto deje de usarse como tiempo.
Aún estamos aquí.
Gracias a todos aquellos que han venido acompañándome desde un día, hasta 24 años con 11 meses y 29 días.
Gracias a esas risas, hombros mojados por mis lágrimas, por esos berrinches y ‘entripados’ que he provocado. Simplemente por estar ahí.
A lo largo de mis 25 años sólo he aprendido fielmente una cosa: todo esto puede cambiar.
Lo lindo, es que ustedes siguen estando aquí, conmigo, en mi mundo. Eso es lo valioso. Y permítanme invitarlos otros cinco minutos extendidos a todo el tiempo que quieran. Esta es la casa que la loca abrió, y que no piensa cerrar por el momento.
Los quiero, y gracias.
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