domingo, 28 de febrero de 2016

De amor y otras cursilerías (ideáticas)

Un amor libre; libre de prejuicios, de viejas ataduras, de miedos y perezas. 

Un amor que no se detenga. Que no tenga tiempo ni limitaciones, que le guste crecer, avanzar y sonreír a las adversidades. 

Ese amor que se adelante como agua en el río, que sea aventurero, que le guste saltar sin paracaídas; que le guste la adrenalina y correr con el viento. Ese que siempre tenga paciencia para los nuevos retos, y sabiduría para cumplir sus metas. 

Un amor que no sea egoísta, que le guste dar, y que engrandezca lo que recibe. Que sepa valorar los pequeños detalles, esos que se guardan en la memoria y que te provoquen sonrisas cada vez que los evocas. Y que también reconozca el valor intrínseco del sacrificio, que no solo vea la cuantía sino también la calidad.

Ese amor que parezca llama perpetúa. Que nazca desde el centro, que te quema desde adentro; que se fortalezca en cada prenda que se quita, y que le guste la sal de tu saliva. Que ansíe el calor de tu cuerpo, de tus entrañas, y que solo encuentre confort en tus adentros. 

El amor que le guste compartir desde el tiempo hasta el conocimiento. Que le guste aprender y dejarse sorprender por nueva información. También que te admire, que le provoque aprender más cada día. Sobre todo que le haga falta saber más de ti, todos los días, a cada hora. 

Con el tiempo, será un amor que tenga el conocimiento de un anciano pero la fuerza de la juventud. Que sea constante y que se preocupe por seguirlo procurando. Porque éste será un amor que se nutra todos los días con muchos mimos, con paciencia, con dulces candencias, con tu voz. 

Fuera miedos, fuera escepticismo, fuera cualquier cobardía de aquel que no admita su propio amor y su propio error. Que prefiera una herida de guerra a una ermitaña paz. Porque la lucha es bandera. No habrá impedimento, freno, vergüenza, temor o duda; es lo que hay y por lo que hay que seguir. 

No debe esconderse bajo ningún argumento. No habrá pretexto para que no salga a la luz. Nada. 

Solo dulces palabras y luz de Luna. Mucha música, baile y entendimiento. Sólo tú y yo. 

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